Nos hemos referido ya en otra ocasión al plan de Bush, dirigido por vicepresidente Dick Cheney, que incluía la autorización de la tortura y de los asesinatos secretos de líderes de Al Qaeda tras los sucesos del 11-S y que ahora investigan las Cámaras estadounidenses. Cheney es un canalla, no cabe duda, alguien que se ha aprovechado de la guerra, como es bien sabido, a través de sus propias empresas, un sujeto capaz de disponer ilegalmente de la vida de los rivales en nombre de una Justicia autónoma, es decir, ni más ni menos que al margen de la ley. Un escándalo, nadie lo discutirá, la actuación de ese político, felizmente retirado a una segunda línea política en su país pero, ay, impune de sus atroces tropelías. En eso estamos se acuerdo, pero siempre que no olvidemos que el caso de Cheney no es ni nuevo ni más grave que otros ya conocidos, para cada uno de los cuales disponemos, por supuestos, de una batería de argumentos en cada caso basados en razones diferentes. ¿No se acuerdan del asesinato ordenado por Mitterrand que se saldó con la voladura del barco ecologista y a cuyos sicarios condecoró él mismo en la biblioteca de su palacio oficial? ¿Y de los terroristas cazados por la Thatcher en Gibraltar con expresa asunción de la responsabilidad por su parte? ¿Y del Gal, se acuerdan de las decenas de asesinatos selectivos del GAL (niños incluidos), coordinados como sabemos desde el mismísimo ministerio de Interior por sus máximos responsables, como bien estableció en su día la Justicia? ¿Y de los también “selectivos” asesinatos de Israel en la franja de Gaza y otros lugares, tampoco nos acordamos ya? Verán, no se trata de defender un ápice a ese personaje brutal y venal, pero sí de llamar la atención sobre la injusta relatividad de nuestros criterios presuntamente humanistas en función de las circunstancias de los crímenes producidos por los diversos terrorismos de Estado. El terror ha provocado esta perversión del Poder que va a costar Dios y ayuda erradicar si es que alguna vez se intenta.

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Lo mismo ocurre con la pena de muerte, Medio mundo se conmueve ante la imagen de una víctima iraní colgando de una grúa o de la cabeza de de un decapitado rondando bajo el sable del verdugo en Somalia o Arabia Saudí, mientras que el impacto que producen las atroces ejecuciones americanas es incomparablemente menor a pesar de su difusión. Y quien pierde es la Justicia objetivamente considerada y, por supuesto, la ímproba causa de la defensa de los derechos del hombre que se ve chasqueada por sus propios Gobiernos. Ahí anda Kissinger envejeciendo en paz con su sangriento historial a cuesta y el Nobel de la Paz en la vitrina. Cheney me temo que acabará igual, pero admitamos que ello no es ninguna novedad entre nosotros los justicieros.

11 Comentarios

  1. Más razón que un santo lleva hoy el columnista, con quien no siempre estopy de acuerdo. Y quien ayer y antesdeayer escribió dos columnas soberbias, como si estuviéramos en pleno curso y o en verano. Asomarme a este rincón plácido y culto, constituye uno de mis alicientes diarios. Gracias.

  2. Mi buen amigo y admirado gm es un alma cándida. Si no lo fuera hace tiemnpo que habría tirado la toalla. Es lo que, pienso yo modestamente, diferencia a un progresista de fondo de un progresista de partido o salón. Hoy mismo se desgañita denunciando la injusticia relativa de las censuras, que olvidan a unos mientras señalan a otros. Pero ¿no fue siempre así? ¿No será siempre así mientras el hombre sea hombre, es decir, “animal dualista, maniqueo”? Me queda una bruzxna de esperanza sobre el patricular pero la verdad es que lo que vemos no estimula ni mucho ni poco a favor de la creencia en la humanidad.

  3. Casi me incomoda adherirme una vez más sin con diciones a la tesis de la columna, pero conciencia obliga. Hay, en efecto, mucho canalla olvidado y existe una democracia “selectiva” en sus estrategias de relación, tanto por un lado como por el otro del espectro político. En Hispanoamérica vamos a ver un ejemplar en poco tiempo, probablemente un conflicto “regional” catastrófico provocado por la demagogia con sentida y estuimulada por nuestras democracias, sobre todo por la nuestra nuestrísima. Y en otras regiones lo mismo. ¿Pueden ecxplicar,e ya de paso, las razones que puede tener nuestro Gobierno para consentir una visita como la de Moratinos a Gibraltar? Supongo que ni el ministro ni ZP fueron a clase el día que tocó el Tratado de Utrrech.

  4. CVon tristeza yo tambiñén coincido con las considerciones de ja. No tenemos ninguna regla fija para valorar nuestras relaciones internacionales, ni nuestros criterios éticos y morales. Sólo nos queda el carpicho de esta panda de improvisadores opoortunistas que un día se entregan a los socios catalanes arruinando al conjunto de la nación, y al siguiente re buncian de hecho a la soberanía sobre el Peñón. Malos momentos los que vivimos. Rece quien pueda y quien no, encomiéndese a lo que pueda.

  5. De vergüenza lo de Kissinger y también de su pupilo Cheney . a ellos si que habría que aplicarle la justicia.

  6. ¿Y que me dicen de lo del GAL?
    Yo estoy seguro de que las denuncias y procesos le dieron a González muchos más votos de los que le quitó.

  7. Me aburma escuchar a don Griyo decir lo que acaba de decir, porque parece sugerir que él comparte o comprende la lógica criminal del terrorismo de Estado…visto de cerca. La actitud de jagm me resulta más ejemplar: rtodos los terrorismos de Estado son despreciables y deberían ser sancionados por la Justicia internacional, porque lo indamisible es que pidamos castigo para Kisinger olvidados de del “señor X” de Garzón. Me da mucha pena escuchar estas cosas, lo siento.

  8. Normalmente me cuesta cambiarle una coma a lo que dice nuestro Anfi, menos aún hoy con los oportunos ejemplos que ha expuesto que no dejan de ser la punta de un iceberg, pero no creo que sea el terror el que ha provocado la perversión del Poder sino todo lo contrario, como ha sido desde los comienzos. Pero hipocresía no es sólo un arma política, es un arma humana y esto es lo que más me ha gustado de la columna de hoy. La democracia es un sistema frágil y si la perfección es imposible, el perfeccionamiento si está al alcance de todos.
    Bacci per tutti.

  9. Buena denuncia, valiente comentario. Kisinger y demás crimninales sueltos,. ¿Y qué quiere usted, buen hombre, que se castiguen entre ellos? ¿No ve acaso que son todos parejos? ¿No recuerda que ZP era un alevin sentado en el Congreso cuando los Gal mataban? Entiendo su constancia y admiro9 el valor de su testimonio que, con frecuencia extiendo a mis colegas soyo “ropón” como dice usted), y me descubro ante su cultura tanto com o ante sus cojones, dicjho sea con el perdón de la parroquia.

  10. ¡Madre del Amor Hermoso, cómo está al armario de cadáveres! Suscribo la denuncia de hoy y estimo en lo que vale la objeción de que no es lógico ensañarse con unos (merecidamente) y olvidar a otros que han sido iguales o peores si cabe. Es cierto que el silencio sobre lo de Mitterrando o lo de la Thatcher fue cerrado lo mismo que el que rodeó a nuestros porpios crímenes de Estado. Pero lo que descorazona es comprender que la cosa no tiene arreglo por más que protesten unos cuanrtos, entre los que gm destaca hace tiempo por su independencia de criterio.

  11. De nuevo con un día de retraso, pero no importa , si de todas formas disfruto tanto leyendo la columna y me hace reflexionar. Pongamos que estoy pensando en voz alta y en paz.
    Pues discrepo. Estoy con don Coleuche: para llegar al poder hay que imponerse y a menudo el que gana no ha jugado limpio: el coup de Jarnac.
    El poder sin hipocresía, crueldad, jaques mates no existe. O entonces le hacen a uno santo, como a San Luis o a Santa Isabel que “solo” era la Reinha.
    Por otro lado , y siendo católica soy consciente de la barbaridad que digo, a veces es mejor un asesinato bien hecho a cien muertes, cien mil o millones. Comprendo al papa cuando dice : toda vida es sagrada y el aborto es una vida sesgada…Pero también comprendo al jefe de estado que dice: defiendo mi pueblo y mato, asesino para protejerlo. No es que unos tengan mas o menos derecho que otros de vivir , sufrir o morir pero ciertos actos tienen tales consecuencias, de su ejecucion o no depende la vida, la muerte de tantas gentes que no se pueden valorar de la misma forma.
    Lo que no soporto es la hipocresía…Pero como no soportamos la verdad, pues nos dan lo que queremos oir: que somos buenos como angelitos. Qué asco!

    Besos a todos.

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