Hoy es el “día de reflexión” establecido por la ley Electoral y garantizado por las Juntas Electorales. Un día necesario para calmar los ánimos y proporcionar al criterio una indispensable distancia con el ruido de la campaña. No respetarlo –como no se respetara ya cuando la tragedia de Atocha—simplemente porque así lo exige una ínfima minoría constituiría un fracaso paladino del Estado de Derecho, aparte de establecer un precedente temeroso para cualquier minoría que, en el futuro, pretenda imponer su criterio a la inmensa mayoría. Vamos a ver cómo se las arreglan los mismos que han aplaudido a esa “indignación espontánea” para reconducirla ahora al único cauce legítimo. Si no logran algo muy grave habrá quebrado en la democracia de todos.

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