Otro profesor agredido, en presencia de los alumnos para mayor inri, por el padre de uno de ellos. Ha ocurrido en un centro de primaria de Cádiz y la remilgada consejería ha expresado “su repulsa y más absoluto rechazo” ante los hechos, además de mostrarse solidaria con el tundido y aprovechar para proclamar que “la violencia nunca tendrá cabida en los centros escolares” (¡). Bien, todo eso es estupendo, pero ¿se personará la consejería de la Junta como acusación de ese bárbaro en el Juzgado correspondiente o se limitará a esas palabras de compromiso? ¿Se imputará a ese padre agresor un delito “atentado” contra un funcionario público, como ha establecido la jurisprudencia, o seguirá la autoridad educativa apostando por el “buen rollito”? No puede haber ninguna razón para tratar con guante de seda la epidemia creciente de ataques a docentes y médicos que padece esta sociedad como no pueden buscarse fórmulas escapatorias que sólo benefician a los bárbaros mismos.

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