Llegó el “escrache”, esa práctica de todos los peronismos, que consiste en acosar y perseguir al adversario a no ser que éste se pliegue a nuestros deseos. En Jerez una panda de cafres ha empapelado la fachada de un diputado –del PP, por supuesto– obligándolo a escapar del acoso. Por otra parte, un acto judicial de desahucio hubo de ser suspendido contando con la presencia entre los protestante del mismísimo delegado provincial de la consejería de Fomento en Cádiz. ¿Dónde está y a qué espera la autoridad para defender el fuero de los políticos electos y poner en su sitio a los espontáneos? Esta democracia directa de tercer grado amenaza cada día más a la única legítima que creíamos poseer.

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