Una sentencia del Tribunal Constitucional acaba de sancionar como ajustada a derecho la decisión tomada por el Parlamento Vasco en el año 2003 –¡a buenas horas mangas verdes!—de suspender los derechos y deberes parlamentarios de Carlos Iturgaiz por haber votado éste por un compañero ausente con la cosa del voto electrónico. Bueno, supongo que por esa vía legal no hay ya más camino que recorrer, pero para considerarse agraviado, siempre podría invocar el sancionado el caso ocurrido en el Senado cuando dos senadores andaluces votaron –¡con el pie incluso!—de la misma manera y con idéntica intención. Entonces dijeron las minervas de la Cámara Baja –nunca tan baja—que ese acto no implicaba responsabilidad alguna, ni jurídica ni política; ahora los ropones del TC dicen lo contrario. No me cabe la menor duda de que mayoría solitaria que aún se atiene al sentido común apreciará más el argumento de este fallo que aquella inconcebible lenidad.

2 Comentarios

  1. ¡Ya ni me acordaba de aquel incidente del Senado! Muy bien por recordarlo y por hacerlo con su mesura habitual. Yo también digo que ersta sentencia es justa y que aquella decisión de la Cámara Baja era ridícula y escandalosa.

  2. Sí, señor juez, pero ahí tiene a aquellos “votantes pedestres”, mandando (por lo nenos uno) más que nadie después de Chaves. ¿No habría manera de que la sentencia del TC tuviera efectos retroactivos? Ya habrá comprendido, señoría, que es una broma.

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