Los americanos han sabido hacer la autocrítica de su racismo generalizado –se acuerdan de “Adivina quién viene esta noche”?–  aunque siempre empinados sobre el sentimentalismo. Los europeos, grandes racistas de toda la vida, son más cautos en este aspecto desde que el racismo pasó a ser incorrecto desde la perspectiva política. Aquí se dice eso tan socorrido de que uno no es racista pero que no toleraría vecinos gitanos en el descansillo ni daría el beneplácito a la boda de la hija con el negro (fíjense en que no se dice tanto del hijo con la negra). ¿Es la Izquierda o es la Derecha la que afrontará con mayor humanidad el tremendo problema de las migraciónes masivas? Yo creo que las dos por igual. Recuerden cuando, con Mayor Oreja de ministro, se le suministró haloperidol a unos africanos intranquilos en un vuelo de repatriación. O cuando Sarkozy desmanteló los asentamientos y puso en el aeropuerto, con billete sólo de ida, a los “roms” que la opinión pública rechazaba de plano. Pero, ah, no pierdan de vista a Hollande, la “esperanza blanca” del malparado socialismo francés, poniendo de patas en la calle a rumanos y búlgaros, como acaba de hacer, desde el convencimiento de que es ilusorio esperar la “integración” de esos colectivos culturalmente tan distintos y cuya conducta deja mucho que desear. Sarko, una vez que le criticaron sus medidas invitó a la presidente de la Comisión Europea a llevarse esos inmigrantes a su país, y ahora Valls, un socialista de origen español, se ha liado la manta a la cabeza y ha echado a unos y a otros por la vía rápida. En Padua hace años que está levantado un muro de 84 metros de longitud por tres de altura, en el que la puerta del gueto se cierra cada noche. Y ahora son los socialistas franceses, los mismos que, por boca de Martine Aubry, se erigieron en defensores dictando moratoria tras moratoria, quienes rompen la baraja y los ponen en la calle.

 

Me temo que el racismo, como tantos otros delitos morales, son fáciles de maquillar pero sin desaparecer nunca del psiquismo colectivo, lo que ha logrado imponerlo igual a tirios que a troyanos. Nadie quiere a esos nómadas inadaptados que ejercen su siempre discutible derecho a buscarse la vida, pero, ojo, ni en la derecha ni en la izquierda. Ya dije aquí alguna vez que el gran fenómeno del siglo XXI serán las migraciones y su cara confortable, el turismo. No se imaginan cuánto siento comprobar día tras día que llevaba razón.

4 Comentarios

  1. Quién duda de que el racismo y la xenofobia están incrustados en la mente humana? Yo desde luego no, porque veo en todos estos incidentes una repetición de lo mismo.

  2. El racismo profundo puede disimilarse pero ahí seguirá. Muy bien. ¿quién acepta gitanos en el descansillo, quien ve bien que su hija se case con un negro? La columna advierte que lo contrario no suele decirse. Curioso.

  3. Espero que no me lo tome nadie por ‘spam‘, pero miren en esta página los requisitos para hacerse “natural born citizen” en USA:

    http://inmigracion.about.com/od/Naturalizacionyciudadania/a/como-se-obtiene-ciudadania-americana.htm

    Los países nórdicos, Suecia a la cabeza, están asistiendo impotentes al renacimiento de partidos xenófobos. Que no se alimentan de clases medias altas, sino de las medias bajas o simpl. bajas. ¿Razón? En Madrid no hay pisos pateras en el barrio de Salamanca.

  4. Todas las inmigraciones son vistas como competencias laborales por los países de acogida. Nadie tiene en cuenta el beneficio que proporcionan estos trabajadores prácticamente en manos de sus empleadores y en condiciones por lo general irregulares. Izquierdas y derechas son más o menos lo mismo a este respecto, si prescindimos de la obligada retórica.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.