Una derecha acomplejada ha tardado casi cuatro décadas en ahuyentar la larga sombra de Lauren Postigo, es decir, en pagar el error de los abuelos antiautonomistas de la actual. Aquel “¡Andaluz, éste no es tu referéndum!” ha funcionado como un oculto talismán para una sedicente Izquierda que confundió su hegemonía como el mérito propio y, ni corta ni perezosa, se dispuso a segar todo el orégano del monte. Y ahora serán los que ya no tienen memoria de Lauren quienes tengan que administrar su complicado triunfo en un fortín hostil. Hará falta mucha inteligencia y más templanza para modular el gran cambio. Lo difícil no era tanto llegar como continuar rectamente el largo camino.

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