Está dando mucho que hablar, fuera y dentro de nuestro país, la encuesta que Le Nouvel  Observatoire acaba de publicar sobre lo que un grupo de francesas famosas piensan de la candidata en baja Ségolène Royal. Me llama la atención entre las opiniones vertidas, algunas bien sentenciosas, la de la señora presidenta, Bernadette Chirac, cuando asegura, en tono no poco tautológico, que “ser mujer no es suficiente para imponerse en unas elecciones”. O la de nuestra musa de juventud, la Jeanne Moreau de “Jules et Jim”, que no se corta un pelo para asegurar, sin regatearle admiración ni apoyo, que la nueva dama de la izquierda gala “es un hombre político como pueda serlo cualquier otro”. Y en fin, el triple mortal de otro de nuestros mitos generacionales, la psiquiatra Julia Kristeva, que no sólo ve en la esperanza blanca de la izquierda “la versión de feminidad más importante producida por el catolicismo francés” –chúpense ésa– sino que teoriza sobre la posibilidad de que la candidatura de Ségolène y la trascendencia de su icono no sea, en fin de cuentas, más que “una revancha de todas aquellas mujeres que han sido descartadas del Trono y de la política durante siglos”. Ya lo ven: con una claque así no se necesitan reventadores, aunque haya que decir que Ségolène ha contado con un bien entrenado coro de estos últimos reclutados dentro de su propio partido, el PSF, dicen unos que motivados por cortar el paso a su compañero sentimental, François Hollande, y otros que por simple y genuina misoginia, tan activa en el país de Carlota Corday como en este corral de cabras. Un comentarista conservata decía hace poco que, frente a  esa candidata que dio el susto al llegar, Sarkozy no ha tenido mejor aliado que sus propios rivales, pero a la vista de lo que opinan estas divas temo que haya que revisar esa teoría para admitir que mucha parte en el rechazo social de la aspirante se debe a algo tan reconocido como es la oposición de las propias mujeres al liderato femenino. Vieja cuestión. Todos los trajines léxicos y sintácticos del fanatismo feminista no basta para tapar el llamativo agujero de la contradictoria misoginia de las hembras.
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Vieja cuestión, como digo. En el “Timeo” Platón formula una clásica propuesta antropogónica –que ha  comentado con tino Giulia Sissa– según la cual el “género humano” (ejem) provendría, como por lo demás todas las especies conocidas y por conocer, de un “genos anthrópinon”, es decir, de una especie unisexual –masculina, por supuesto– respecto del cual la aparición de las hembras supondría, ya según Aristóteles, ni más ni menos que un “desgarramiento” de la “perfección originaria”. Ya ven, ni toda la energía lógica acumulada –por non hablar de la evidencia del andrógino– ha logrado desvirtuar esa intuición prístina de la prioridad, siquiera genealógica, del varón, que tanta injusticia lleva provocada, y lo que es peor, no sólo en el hombre sino tampoco en las mujeres. A Ségolène viene a ocurrirle hoy lo que a la mítica Hipatia –“el espíritu de Platón y el cuerpo de Afrodita” en una sola pieza–, a quien durante años sus propios  y apasionados discípulos llaman “filósofo” y, todavía en el siglo XX, un tipo como Maurice Barrès, tan puntilloso y hasta delicado, como adelantándose a su descendencia intelectual, insistía en calificar como “la última de los helenos”. ¿De verdad serán las mujeres las que auparán al poder a las hembras? Mi modesta colección de sondeos propios y extraños me permite dudarlo muy en serio, pero pronunciamientos como los reseñados me parece que, por lo menos, sitúan la cuestión en una zona de penumbra acaso impenetrable por el momento. A Ségolène, sin ir más lejos, no parece que sean sólo los machos quienes le corten el paso como no es posible mantener que a la Thatcher o a la Merkel las hayan puesto ahí sus congéneres sino los priostes de ese androceo que juega confiado en una timba que no ha cambiado gran cosa desde los tiempos de Platón.

4 Comentarios

  1. Tal vez una servidora no sea más que una Maestraciruela, que no sabía leer y puso una escuela. Pero me voy a permitir un par de addenda/corrigenda al Maestro. Luego pondré el cogote para admitir collejas.

    La uán. La madame Chirac no es la señora presidenta. O lo es tan sólo si le añadimos ‘consorte/consuerte’.- La chú. Se le ha pasado que probablemente antes que Platón o Aris, ya mi don Moisés escribió en los primeros versículos del Génesis la cuchufleta aquella de la costilla extraída mientras el bueno de Adán se echaba la cabezadita. Como si no existieran previamente el lagarto y la lagarta, tan lorquianos. Tan de hoy mismo con tanto ‘lacerta lacerta’ cobrando del presupuesto.

    En la eterna dualidad, yo me conformaba con etiquetar como ‘persona’ a todo bicho humano. Claro que para éso está el griego -uy pordió, no en el que muchos piensan, el orificio contra natura- que lo traducía en máscara. Mascarita, mascarita, que para éso todo el año es carnaval.

  2. ¿Pero qué le pasa al personal estos días? Parece indecoroso que una persona como yo sea más asidua que tanto ilustre y antiguo seguidor.

    Si comprendo por donde van los tiros, parece que don Jose Antonio, lo que está tratando de decirme es que si Ségolène no gana las elecciones será por culpa mía y también de nosotras, sus compatriotas.
    Esto de las elecciones es complicadísimo. Como muchos han comprendido que no se debe votar en función de las promesas de los candidatos, ni tampoco en función de sus simpatías secretas o afirmadas, de su físico, de cómo hablan , pues todos tienen los mismos profesores de dicción, de campaña que los promocionan como quien quiere vender jabón o dentífrice,pues la cosa se pone complicadísima, y se vota a menudo por impresiones que uno tiene, por una palabra mal dicha, por una sonrisa bien hecha, por una afirmación absurda, por un desplante….por cualquier cosa menos por el análisis profundo y claro de un programa.

  3. Corren malos tiempos para la lírica, mi doña Sicard. Al personal le pasa lo que le pasa: que no sabe lo que le pasa, y eso es lo que le pasa.

    Deben ser los exámenes de febrero -con tanto ilustre enseñador como pasa por aquí- o las brumas a las que no estamos acostumbrados. Pero usted y yo, madame, firmes como el árbol junto a la ribera. Muá.

    (Me pregunto: ¿seguirá mi don Elitróforo allá por tierras del Turco, disfrutando de narguilas y platos especiados o lo tendremos ya, silencioso y meditabundo por la meseta cuasi helada? Metafísica cuestión, afirmo.)

  4. Sin duda estará disfrutando con Madame Griya, aquien saludo de corazón.Vaya con los jubilados ¡cómo viven!

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