La vidriosa insinuación lanzada por Guerra contra la jueza que averigua el lío colosal de las prejubilaciones falsas y, de paso, contra el alcalde de Sevilla, no tiene pase se mire por donde se mire. Ni por venir de quién teledirigió el tinglado de Filesa y se dejó querer en el montaje de su hermano Juan, ni mucho menos por proceder de quien mandaba más que nadie cuando se organizó el intolerable acoso al juez Barbero o al juez Márquez para enredarlos todo lo posible. Se queja Guerra de que la jueza condiciona el “calendario judicial” para hacerlo coincidir con la campaña, olvidando que es la Junta la que ha retrasado por todos los medios a su alcance un procedimiento que más le valdría ahora haber superado ya.

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