La firma del acuerdo de creación de una Zona Franca en Sevilla parece haber despertado viejas tensiones entre Cádiz y Sevilla que parecían superadas hace algún tiempo, la vuelta a las cuales no ha logrado impedir siquiera el hecho de que ambas ciudades esté regidas actualmente por Ayuntamientos del mismo color político. Una pena y un disparate que el buen sentido de los políticos implicados debería contribuir a paliar en vez de echar leña a ese fuego no poco provinciano que ninguna de las dos ciudades se merece. No hay duda de que la situación gaditana es extrema, pero la imprescindible solución de sus problemas no debe pasar por un pulso entre las dos capitales, feudos hoy del Partido Popular.

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