Son más de setenta mil y vinieron de Marruecos para salvar la cosecha de los frutos en el campo de Huelva, una vez que sus colegas españoles, acaso subsidiados,  renunciaron a doblarla. Y ahora, terminadas sus faenas, ya sin trabajo ni salario, malviven, gracias a la benvolencia de sus empleadores, en los alojamientos que venían ocupando, ya que el Gobierno de su país, inhumanamente, les prohíbe regresar, y el nuestro –más rojo que los frutos recogidos– no parece interesarse lo más mínimo, sin embargo, en su tragedia. Ni siquiera la propuesta de la Junta de abrir un “corredor humanitario” ha prosperado y sólo José Luis Garcia-Palacios, responsablemente, tiene arrestos para calificar la situación como una auténtica “crisis humanitaria”. Hay políticas ruinosas además de injustas.

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