A mediados del XVII contaba con aplomo el pícaro “Estebanillo González” cómo presenció cierta batalla desde la barrera y bajó luego “al llano por cobrar opinión de valiente y por raspar a río revuelto”. Es la clásica estrategia española de “alancear moro muerto”, tan mísera como rentable, pero más vigente hoy que nunca en nuestra vida política. A la pobre doña Susana la alancean sin piedad sus vasallos de antier, y con más saña que ninguno los Mario Jiménez que durante años la llevaron en andas y sin remilgos a través del pantano. Nada censurable vieron entonces, ningún desmán mereció su protesta. Y hoy tocan a rebato buscando en el cínico repudio del cadáver político su nueva legitimación. Nada como su oportunismo para explicar la ruindad a que ha llegado nuestra precita vida pública.

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