Apenas sabemos de dónde venimos y, desde luego, ignoramos por completo hacia dónde vamos, pero desde hoy los andaluces celebraremos el controvertido duelo por las víctimas de nuestra tragedia. Está bien y es lo suyo, aunque seguramente esas víctimas podrían susurrar a la muchedumbre aquello de “no lloréis por nosotras sino por vosotros mismos y por vuestros hijos”. Avanzaremos, pues, a ciegas, tanteando el futuro con la esperanza de que resulte cierto que no hay mal que cien años dure y la esperanza, ay, de que no haya tampoco gobierno que perdure. La Junta se adelanta también en esto a un Gobierno acorralado y atento, entre trampantojos y bisagreos, sólo a sobrevivir en el poder. Estamos al final del principio y en el umbral de un porvenir demasiado complejo para la mediocridad imperante.

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