Lo peor de las corrupciones urbanísticas que no perdonan comarca ni pueblo es que PSOE y PP se han enrocado en la estrategia del “y tú más”, de modo que cada vez que se destapa un escándalo, primero se niega y, a continuación, se le imputa otro similar o mayor al de enfrente. Y luego no ocurre nada, como se ha demostrado ya en los repetidos casos en que los Ayuntamientos cambian el uso de un terreno días antes por “uno de los suyos” (los sobrinos de González en Sanlúcar la Mayor, los tránsfugas/sociatas de Gibraleón, la número 2 del PSOE en Fuengirola ‘è tutti quanti’) se haga con ellos por su inocente precio original. Llama la atención que en pueblos tan reducidos no se produzca una reacción radical contra estos lamentables abusos que, en ocasiones, incluso se llega a justificar con el argumento de que cualquiera haría lo mismo en el lugar del trincón. Los pactos anticorrupción no han servido ni para inquietar a los rapaces. Toda una nueva clase apunta entre nosotros surgida directamente del suelo urbanizado. 

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