La crisis del totem
Como no hay pugna social que no genere dividendos, en Bélgica la industria textil, por un lado, y el comercio por el otro, están haciendo su agosto casi en el solsticio de invierno a base de vender banderas. La crisis nacional que mantiene al pequeño y próspero país sin gobierno desde hace medio año y al Estado al borde de la disolución, ha provocado que, en apenas cuatro meses, entre junio y octubre, se hayan vendido 56.000 banderas tricolor, una cifra bastante por encima del récord hasta ahora vigente que fue el de las 50.000 vendidas con motivo de la muerte de Balduino allá por los primeros años 90. No será necesario advertir, sin embargo, que esas flamantes enseñas ondean casi exclusivamente en la zona francófona, en Bruselas especialmente, mientras que en Flandes surgen por aquí y por allá quejas de ciudadanos que no se atreven a significarse en sus fachadas por miedo a que venga el duque de Alba, que es todavía el “coco” local, y con toda la razón del mundo. En España, mientras tanto, multitud de Ayuntamientos y otras instituciones “nacionalistas” –es decir, “antinacionales”, constitucionalmente hablando– continúan con su huelga particular pasándose por el arco un mandato legal contundente y una sentencia del TS que nadie tiene agallas para hacer respetar. Hay que reconocer que la noción de bandera y su significado es de lo más complicado y, seguramente, de lo más banalizado que pueda hallarse en ese precito mundo de la simbólica política. Flaubert se limitaba en su diccionario a constatar que la vista de la enseña patria le provocaba una complacida taquicardia, sin perjuicio de que, creo que era en una carta a George Sand, dijera que, dado que todas las banderas estaban empapadas en sangre y en mierda (sic), tal vez había llegado el tiempo de no tener ninguna, criterio que compartía con el bárbaro de Barbusse para quien un hombre bueno y razonable no debería saludar jamás a una bandera. Pocas cosas habrán emocionado tanto a la gente y por pocas habrán caído tantas criaturas como por esos símbolos sacralizados que vienen a ser el centro de esa religión laica que sostiene silenciosamente a toda organización política.
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La fuerza de ese símbolo procede de su herencia totémica, de su condición de insignia primordial, sin contar las recientes e inventadas, algunas de las cuales nos pillan bien cerca. Todos los pueblos y sus organizaciones se han acogido al efecto sacral de la enseña y sus elementos, desde las águilas persas o romanas que llegan hasta nosotros emparentadas con la tradición joanista, al rayo de los escitas pasando por las tres coronas que exhibían orgullosos los medos. La imagen de los hermanos Arana inventándose una ikurriña calcada de la bandera inglesa –que ha retratado como nadie Jon Juaristi– es más que elocuente, sobre todo sabiendo que aquella no es sino un eco más de la cruz de san Juan, presente en tantos lugares de la vieja Europa, y sin embargo ya ven la sangre que nos lleva costado el invento y la reverencia con que la honra un fanatismo historicista que no sabe ni de dónde viene. Es normal, me parece a mí, que el llamado proceso de secularización que, según los fenomenólogos, afecta a las sociedades desarrolladas, afecte también a la simbología sacralizada de uso político, entre otras cosas porque a ver quién relaciona ya el águila, bicéfala o no, de tantas banderas con el icono del Cuarto Evangelio. Las banderas unen y dividen a medida que la tribu organizada evoluciona y se aleja progresivamente de la horda primordial. Una bloguera de Bruselas, por ejemplo, lanza al planeta virtual su lamento porque el miedo le impide izar la enseña tricolor en la fachada de su casa flamenca. Tal como aquí, por no ir más lejos. Está claro que ni en los individuos ni en los pueblos es oro progresista todo lo que reluce en la edad adulta.
10 de Diciembre de 2007 a las 1:37 pm
¿Y desde cuando no se oye la palabra ‘patria’, excepto lo rácanos mensajes en que se alude a la chica, a la aldeana, a la de la tribu? ¿Cuántas banderas-trampa con la bicrucífera allá en la predemocracia, muertos vergonzantes incluidos? Los hermanos carlistones se inventaron todo un entramado que llega hasta hoy, con el negociete, cómo no,de que el ancho del embudo siempre cayera para su lado. No olvidemos que su particular e interesada parusía, tuvo lugar si la memoria no me falla durante su estancia en bcn, donde comprendieron que mezclando en la coctelera nacionalismo, beatería, idioma(?) banderita y bailes regionales, salía un mejunge pringoso que permitía chuparse los dedos a los que lo manejaban.
(Si quieren reirse un rato, háganse con un diccionario euskérico. Por ejemplo, ’seis marcas blancas’ se traduce ’sei produktu zuri’ y ‘relación calidad/precio’ es ‘kalitate/prezio erlazio’. ¿Hay arte o no hay arte? ¿Se imaginan a la ama gritándole al aita de un lado al otro del valle que no se le olvide comprobar todo eso en los ‘artikuluen bilduma’ que han subido tanto últimamente?)
Con la bicolor, gualda y encarnada fifty fifty, pero simétricamente repartidas, en tres banas, ídem de lienzo. Si lleva pajarraco, mala de toda maldad; si lleva coronita, son los buenos. Más la azul de las estrellitas, la del campanario, más los diecisiete trapitos, a cuya sombra comen y vegetan miles de paniaguados. Iwo jima, pero al revés, vamos a darles un tirón y que se las lleve el viento.
10 de Diciembre de 2007 a las 3:22 pm
Una bandera es sólo un trapo y tiene la fuerza que estemos dispuestos a defender o a imponer.
Sin duda mucha gente ha muerto absurdamente defendiendo una bandera, pero a veces es necesario plantarse en algún sitio, reagruparse y defender lo suyo. Una bandera puede volver a ser un bonito signo para reunirse y contarse. Bien pensado, eso puede ser una manera de simplificar las cosas, saber quien es quien. Es terrible, pero a veces la vida es así de simple.
Saludos a todos.
10 de Diciembre de 2007 a las 10:22 pm
El símbolo no es una simplificación, amiga Marta, ni mucho menos. Sería inverosímil que de serlo. huibiera costado tanta sangre y despertado tanta emoción.
En España estamos pagando el “patrioterismo” de Franco y su banderismo (bandera viene de bando, no lo olvidemos), pero en ningún país de nuestro entorno cultural y político ocurre lo que aquí.Ni siquiera en la Francia porotagonista del 68 dejó de tremolar sentimentalmente la bandera, donde es algo más que un “trapo” o un souvenior de “ancien conbattant”.
10 de Diciembre de 2007 a las 10:25 pm
Muy puesto en razón lo último, quie suscribo con el derseo de que las nuervas generaciones sepan atribuir a los símbolos, mejor dicho, sepan restituirles su importante sentido y función. ja suele recordar la frase de Ernst Cassirer, admitable, “El hombre es un animal simbólico” y concede a este enfoque mucha atención. Un día no lejano hablaremos transuilos de este tema hoy todavía muy desfigurado.
10 de Diciembre de 2007 a las 10:31 pm
Creo que ja no ha planteado expresamente el tema del símbolo y su valor, sino el desacato flagrante que se esta´produciendo desde elmomento en que elpropioo Gobierno y su partido consienten que las instituciones se salten a la torera la ley que obliga a exhibirla enseña nacional, así como la sentencia del TS que ordena con detalle que se exhiba. Lo otro es tema aparte.
10 de Diciembre de 2007 a las 10:34 pm
No entiendo por quétendría yo que justuificar mi respeto máximo por la bandera cuando yo no le pido a nadie que le consagre ese sentimiento ni a la bandera ni a nada. Además, ¿por qués un trapo la bandera española y no lo es la ikurriña o la senyera? ¿Qué podría ocurrir en esos “países” rebeldes sin el Gobierno del Estado excluyera sus banderolas?
10 de Diciembre de 2007 a las 10:36 pm
Me aburre mucho discutir siempre lo mismo, cuando veo que en Francia o en Inglaterra la gente se ponedepie con la mano en elpecho o inclian la cabeza ante sus banderas respectivas. Lo que dice elProf es una veradd como un templo, pero ¿para cuándo saldremos del error de considerar que los símbolos de los que se apropió la dictadura son–como creen sus partidarios– patrimomnio de ella.
10 de Diciembre de 2007 a las 10:52 pm
Triste que esta polémica (polemiquilla, diría don ja)siga siendo posible. Triste que noi liquidemos la herencia psíquica de la Dictadura que es el peor de todos sus legados. gm critica ladejación de funcionas del Gobierno y, depaso, de la Justcicia que tampoco se hace respetar ni a su más alto nivel. Y en eso lleva toda la razón. En cuanto al retso, esa bandera es míacomo lo fue de mis abuelos y de mi padre, y espero que lo sea de mis descendientes.¿Qué ser
ía de la vida si la despojáramos de la poesía del símbolo?
10 de Diciembre de 2007 a las 10:54 pm
Anímese, Icaria, y desarrolle ese Diccionario vascongado, perdón euskaldún, porque es genial. Pero no crtea que hace nada nuevbo,porque los Arana ya se invenatron buena parte de lo que hoy se habla en ese martirizado país,empezando por la onomástica y la toponimia, como otras veces hemos comentado y estudió Juaristi.
10 de Diciembre de 2007 a las 10:56 pm
Pregunat por mí. Me alegro en lamedida en que ppuedo hacerlo.Mi silencio no fue olvido.Volveremos a convivir con frecuencia, lo prometo y agradezco.
11 de Diciembre de 2007 a las 9:46 am
Excelente columna,como en tantas ocasiones entendida quiá un poco de través, y buenas noticias de Mendozina, cuyo tono algon bajito deseamos todos, seguro, que sea algo incidental.