Ese es el número de menores inmigrantes acogidos por la Junta de Andalucía al cerrar el año viejo. Una legión de huérfanos adoptados administrativamente tras culminar su temprana y temeraria odisea, que pone en evidencia el fracaso de la solidaridad civilizada y la resistencia del “Paraíso” a admitirlos como miembros de pleno derecho. Una vergüenza sin paliativos que permite entrever la falsía de las protestas humanitarias. Ni España puede dejar sola a Andalucía ni la Unión Europea puede abandonar a España en esta tarea histórica y frente a esta tragedia continental. Seguir viendo en ella un accidente en lugar de entender que se trata de un imparable cambio histórico supone estar ciegos. No sería el nuestro el primer imperio de que se derrumba sobre su miseria atestado de bárbaros inocentes.

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