Nadie debe dudar del apoyo de la Junta, el mejor amigo de los trabajadores, frente a una multinacional  como Delphi que el vice consejero –ni siquiera se ha dignado en comparecer el consejero– describe entrando, campeando a sus anchas, robando y, al final, marchándose sin cumplir la legislación vigente (sic) tras trincar 60 millones de euros ante la ingenuidad de Gobierno y Junta. Aquí se unta sin contemplaciones a cualquier recomendado que viene prometiendo crear empleo, por lo visto sin pedirle siquiera garantías elementales de que cumplirá su parte en el negocio. Y luego se promete –¿cuántas veces lo hemos comprobado ya?– que la Junta será el mejor amigo de los trabajadores estafados (Chaves), que esto y que lo de más allá, en la confianza de que amaine el levante y los 60.000 manifestantes de Cádiz (a mil por millón) vayan dispersándose. Incluso si la siguiente crisis, la de Airbus, sale medio qué, es intolerable que treinta años de autonomía no haya servido para dotar a la costa gaditana, como a tantas comarcas andaluzas, de un medio de vida razonable. Quienes se han puesto las botas, ante el panfilismo de nuestros políticos, han sido los cazadores de subvenciones.

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