Remedia amoris

Hace más de dos decenios recibí una carta justificadamente indignada de un profesor andaluz cuya obra hacía años que tenía consagrada un lugar destacado en mi modesta biblioteca. Era Francisco Socas, molesto –ya digo que con toda razón—por mi flagrante olvido de su nombre en una crítica mía sobre una edición de Ovidio cuya autoría…