El bar imposible

Mi amigo Rogelio, que regenta con éxito un gran bar capitalino, vive desconcertado estas horas majaretas. Dice que cómo va a abrir él su negocio atenido a las  instrucciones de la autoridad, es decir, asistiendo con sus ocho camareros a las diez personas que, mejor que peor, cabrían en su barra; que cómo controlaría –¡pobre…