Dinero volatil

Es probable que las ministras sobrevenidas en el ocaso socialdemócrata acaben por reventar la crematística, ese enigma que ya inquietaba a Aristóteles en su celo nicomaqueo. ¿Cabía llegar más lejos, a ras de la idiocia, que aquel “calvismo” que aseguraba que “el dinero público no es de nadie”? Pues cabía, y de sobra: escuchen a…