Citius, altius, fortius

También en Grecia, su inventora, fueron las Olimpiadas ocasión del negocio. También en ella, como ahora, se dopaban los atletas con remedios que, en aquel estado de inocencia, aún se consideraban “naturales”. Tampoco faltaban, junto a los bujarrones que hacían epinicios, los críticos razonados de los límites del esfuerzo. ¿Tenía sentido la imagen del atleta…