Tras la ‘espantá’ del candidato madrileño del PSOE, se suceden las dimisiones, o mejor, las renuncias de concejales electos que han visto frustradas sus esperanzas o, lo que viene a ser lo mismo, sus ambiciones. “César o nada”, alcalde o las de Villadiego: hay pocos personajes de relieve en las listas municipales dispuestos a soportar el sopor de una legislatura entera a pan y agua, y sin otro recurso que la protesta inútil, fenómeno que descubre sin ambages la condición profesional que ha adquirido la política de hoy, es decir, de qué manera escandalosa ha desaparecido la idea de servicio público que se le supone a la dedicación pública. Gentes que no han sido nada fuera de los partidos, personas que nada han hecho en la vida aparte de medrar en los pasillos, no se conforman con ser oposición –y menos, gratuita– sino que ponen como condición para asumir las responsabilidades que nadie les impuso que les den vara alta. Esta democracia anda sobrada de oportunistas y escasa de servidores. Y nada ha contribuido a esta ruina más que los trapicheos de los partidos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.