Alemania nos exige que vendamos el oro del Banco de España para saldar en lo posible la deuda que nos asfixia. ¿Pero es que queda oro en esos sótanos? A uno le cuesta imaginarlo después de la almoneda que montó Solbes en 2007 cuando, convencido de que el oro no era ya una inversión rentable para el Estado, vendió un tercio de nuestras reservas, y de la posterior mantenida por Fernández Ordoñez que, según los expertos, ha provocado la mayor salida del metal precioso desde el cuestionado pago de la deuda de guerra a Rusia –aquel “oro de Moscú” que Ángel Viñas redujo sin contemplaciones a su verdadero caudal—precisamente en unos años en que no ha habido estrategia inversora comparable a ésa de la tesaurización, dado que la rentabilidad acumulada del metal ronda ya el 500 por cien. Los suizos han reconvertido un famoso bunker militar en una cámara del tesoro a prueba de explosiones nucleares y seísmos para albergar la inmensas reservas de oro que desde todos los países del mundo afluyen continuamente a uno en el que su posesión es por completo anónima y libre de cualquier limitación, previsión lógica allí donde miles de toneladas de oro circulan cada año. Acabo de leer el trabajo de Gilles Labarthe, “L’ or africain”, que les recomiendo si desean asomarse al infierno continental de esa industria, con sus “guerras áureas” y sus complicidades canallas, pero la paradoja de nuestra política de enajenación del tesoro basta y sobra a la hora de asumir que muchas de las calamidades que padecemos no serían inevitables sino que se deben al injustificable desacierto de algunos criterios políticos. Desde que Solbes dictaminó que el oro no era una inversión conveniente, el lingote ha multiplicado casi por cinco su valor, en buena medida a causa de la creciente demanda de países en alza como India o China. Es posible que nuestras minervas se hayan tomado en serio el consejo de no acumular mujeres, ni oro ni plata que el Deuteronomio (Dt. 17,17) daba al gobernante sabio.

 

También por las calles proliferan los anuncios de compra de oro, pésimo indicio de ruina colectiva. Y en cuanto al Estado, parece que tendrá que decidirse a vaciar el cofre a pesar de la evidencia de que el precio de la onza seguirá subiendo y, en consecuencia, de que no sólo hemos malbaratado los huevos sino que vamos a matar la gallina. Lo que ya no sé es si la cosa será para tanto. En el liceo leí, en un cantar de gesta, que el corazón de un hombre vale por todo el oro de un país. No sé si estarían de acuerdo con esta sentencia nuestros ecónomos ni nuestros especuladores.

10 Comentarios

  1. Nada que objetar al varapalo, los datos son los datos. El oro, como valor refugio, seguirá progresando. Es para mí un misterio, pero es así. El título de hoy ya lo empleó el columnista (íntegro, entonces) en otra ocasión, pero el tema no puede ser más actual. Es verdad que muchas de nuestras desgracias son el resultado de errores en la decisión política.

  2. Buena la hicieron esos gestores sabelotodo. El que con tanta suficiencia polemizó con Pizarro –un infeliz cargado de razón– ha dejado dos veces a España en la ruina aunque cobre tres pensiones… La economía bien entendida, como puede verse en el caso Solbes, empieza por uno mismo.

  3. En lingotes de oro se guarda mejor el tesoro. Recuerden a Craxi. ¿Y a cua´ntos más? Respecto a la decisión de Solbes, estupenda. Nadie para arruinarte como un ministro. Pero miren cómo él no se equivoca en lo suyo…

  4. Aznar no se equivocó nunca ni Rato tampoco, es lo que se deduce de lo que escribe este señor, my eso no es cierto, porque también hicieron las cosas mal. Esta crisis viene desde entoncesy nos la quieren vender como nuestra.

  5. ¡La última palabra, “nuestra”, lo delata a usted. míster Castilla! Ya sabe, se coge antes a un mentiroso que a…

  6. Un error garrafal, del que nunca se da hado una explicación. En mi opinión a Solbes se le ha sobrevalorado siempre a pesar de que no se recuerde de él ninguna gestión extraordinaria y yo diría que ni siquiera mediana. Cosas de la política y de la imagen pública. No tienen más que recordar el debate con Pizarro en el que su astucia y sus tablas convencieron al personal defendiendo que la crisis se la inventaba el otro.

  7. Así nos va. Y nio reconocen sus errores. Ni pagan por los perjuicios causados. Si es verdad lo de las tres pensiones de Solbes, que Dios se las conserve, pero no hay derecho.

  8. Para dar alguna razón a don Castilla en pie, la culpa no es solo del señor Solbes sino de un sistema injusto, amoral y asqueroso en el cual nos hemos encerrado y hemos creido sin querer darnos cuenta de su absurdidad. Creo que en todos los paises se han hecho los mismos errores, unos más y otros menos.Ayer mismo creo don José António lo denunciaba.
    Besos a todos.

  9. Se acuerda ja en el título del verso de Virgilio, Quid non mortalia pectora cogis/ auri sacra fames?, qué nivel…, y no es la primera vez que lo hace: se ve que lo ha leído y asimilado. Lo de Solbes, no lo entiendo, aunque me figuro que sería una decisión forzada por la angustiosa falta de liquidez. El caso es que el destino de nuestras rservas de oro se revuelve en una espiral inacabable. Quienes leímos en su día los dos libros de Viñas sobnre el “oro de Moscú” hemos de pensar que al menos entonces no se trató de un error técnico. Me entristece volver sobre etsos temas, y me figuro que a muchos de ustedes, incluyendo a ja, también.

  10. Si sostuvo que la crisis era un invento no sé por qué no iba a sostener que el oro era mal negocio. Si el PP le hubiera puesto enfrente a otro en lugar de a un ingenuo Pizarro en aquel debate se hubiera visto posiblemente el bluff de ese caballero de las tres pensiones.

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