Jesús Gil era un paradigma no un ejemplar único. Por la senda abierta de Gil han transitado cientos de alcaldes y concejales, el enriquecimiento escandaloso o discreto de muchos de los cuales no ha bastado para que la política enfrentara la gangrena del urbanismo exactor. ¿Y cómo iba a enfrentarla si era ella la que lo promovía? Marbella, Estepona, ahora Chiclana demuestran que no tendrá fin esta crónica negra en tanto el Poder no penda del hilo ético –como en los países seriamente democráticos–, lo cual es sencillamente impensable. Observen el silencio de la Junta y sus ‘medios amigos’, la parsimonia de la Justicia, la indiferencia de una opinión pública que no cree ya ni en sí misma. Habría que abrir una “causa general” al negocio ladrillero, empezando las diligencias por los más altos despachos de las Administraciones y de los partidos. Como eso no va a hacerse nunca, seguiremos padeciendo la “marbellitis” en Marbella, en Estepona, en Chiclana y donde se tercie.

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