Nadie se pone de acuerdo sobre la causa que pudo determinar el increíble y lamentable batacazo ocurrido el viernes pasado en la Bolsa de Wall Street. El propio presidente Obama ha puesto a currelar a medio centenar de expertos que tratan de averiguar contra reloj qué pudo suceder para que, en milésimas de segundo, una cascada de órdenes de venta provocara el desplome planetario. Se habla de la posibilidad de que un bróker hubiera errado un teclazo confundiendo la eme de millón con la be de billón –a cierto ex-presidente de Diputación andaluza, aquel que dijo lo de “billón con uve”, no le hubiera ocurrido, ya ven—desencadenando la previsible seísmo. Pero la realidad es que nadie ha podido establecer hasta el momento que coños ocurrió el viernes, aunque la hipótesis más recurrida esté siendo la del algoritmo culpable que habría desencadenado el pánico al empujar al yen frente al euro y a éste contra el dólar. Ni idea, por supuesto, por más que los responsables se agarren ahora a la falibilidad del sistema informático y, en consecuencia, a algo que viene avisándose desde hace mucho y desde variados ámbitos, a saber, al riesgo que, en definitiva, supone siempre la ausencia del control humano y su sustitución por la acción ciega de la máquina. Claro que mucho se ha hablado también de la neutralidad cibernética frente al albedrío humano que ya causó catástrofes como la provocada por el “trader” que desde Nueva York arruinó a un banco en Hong Kong. Es posible que sea el concepto mismo de Bolsa lo que resulta expuesto. En tiempos de Narváez alguien se hizo de oro difundiendo en los pasillos de las Cortes el rumor de un golpe de Estado imaginario, aunque todavía haya pringaos convencidos de que los “especuladores” que estos días nos están hundiendo como país son un invento reciente. Tan peligrosa es la máquina como el hombre. El rumor no tiene por qué ser menos fulminante que un teclazo mal dado.

 

El espectáculo ha sido, eso sí, de gala, hasta el punto de que ha dejado en evidencia a todo un montaje que funciona precisamente en base a su supuesta solvencia y fiabilidad. Esos gestos de asombro, esas miradas hipnóticas colgadas del pantallón, el síncope colectivo del gran mundo, bien merecen un aplauso del “gallinero” por más que los cascotes hayan de acabar descalabrando a los propios aplaudidores. Como merecen una reflexión por parte de la masa ingenua que cree a pies juntilla en la invulnerabilidad de esa lonja mundial que se ha venido debajo de improviso sin que sospechemos siquiera por qué. Otro gigante con pies de barro. La verdad es que la arrogancia capitalista se tiene ganados a pulso tanto sus fracasos como su impunidad.

5 Comentarios

  1. En mi opinión de ignorante temerario, creo que el supuesto error desencadenó una reacción en cadena de STOP LOSS o ventas programadas para que se produzcan automáticamente cuando un la cotización de un determinado valor baja de un límite dispuesto por el tenedor para limitar sus pérdidas.

    El crac del 87, creo, parece que se produjo porque todos los norteamericanos gestionaban sus carteras con el mismo programa informático.

  2. Para mí lo interesante es ver la precariedad del gran Sistema sobre el que estamos asentados y que nos maneja a voluntad, cómo un accidente insignificante puede ocasionar una debacle en todo el mundo. Tal vez hayamos ido muy por delante de lo que la teconología permite de verdad, quiero decir con garantías que eliminen riesgos tan desmesurados. Ahora vamos a ver qué medida ss toman. Si todo sigue igual, habrá que concluir que navegamos en un navío fantasma.

  3. A eso creo que le llaman “efecto mariposa”, más o menos. ¡Mariposones del mundo, uníos!

  4. Pero hay algo más amoral, más escandaloso?Algo que demuestre mejor la estupidez humana, su espiritu borreguil, su falta de reflexión, sus ansias de lucre inmerecido, su griegaridad, su falta total de imaginación, de aguante, de sangre fría? Si pudiera de veras creo que colgaría a uno o dos del palo mayor para que los otros aprendiran a especular : sería mucho más emocionante a sabiendas que , de cuando en cuando en vez de millones puedes perder la vida, no ¿qué les parece?
    Un beso a todos.

  5. Conozco el caso de alguien que, habiéndose mudado recientemente a una zona residencial escogida y cara, puso el piso en venta a las pocas semanas de correrse el rumor de que iban a empezar a construir “viviendas sociales” en los alrededores. Ni en Wall Street van tan rápidos…
    Sdos

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