Hasta dos horas antes de celebrarse la inauguración del curso –birretes, togas y chaqués e impolutas pajaritas—ha jugado absurdamente la Junta de Andalucía con la fórmula de su financiación, ese viejo caballo de batalla, ‘Rocinante’ más que ‘Babieca’, que trae desde hace decenios a los rectores arrastrando el ala y al cobrador del frac de universidad en universidad. No es extraño que el “alma mater” vaya mal, que su índice de fracaso sea alto, que su nivel descienda año tras año, que sus matrículas decrezcan o que sus cacareados éxitos investigadores no resistan las evaluaciones razonables ni las comparaciones pertinentes, porque no hay institución que pueda vivir y desarrollarse esperando hasta dos horas antes de echar a andar a que el poder político tenga a bien cederle la calderilla. La universidad, cada día más reducida a dilatorio de parados jóvenes y factoría de títulos, no interesa ni poco ni mucho a una clase política gran parte de la cual ni la ha pisado en su vida. 

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