Arde Grecia. Desde el Peloponeso hasta las puertas de Atenas, la isla de Eubea, el fuego ha sido provocado al menos por treinta focos y el calor y los vientos han hecho el resto. Grecia lleva sufridos este verano tres mil incendios que ha arrasado cien mil hectáreas y se han llevado por delante más de medio centenar de vidas humanas. Duros han sido también los padecidos en Bosnia e Italia, como en años anteriores en Portugal y, como siempre, en España. En España se producen más de veinte mil al año y se pierden en ellos ciento cincuenta mil hectáreas, una catástrofe de consecuencias impredecibles que combatimos a media vista, como caballo de picador, sin querer enterarnos de la realidad ni asumir las graves dificultades que entraña su combate. Pero ¿quién quema el monte desde Galicia a Cataluña, desde Guadalajara a Huelva? Un informe no poco revulsivo, realizado por Greenpeace, acaba de hacerse público y en él se trata de establecer el perfil múltiple del incendiario, tan banalmente reducido aquí a la caricatura del majareta asocial que se venga con su mechero asolando el paisaje. El tema es más complejo, al parecer, según Greenpeace, que pergeña un dragón de ocho cabezas que aún no ha encontrado su san Jorge. Los propios labriegos, para empezar y aunque cueste creerlo, que serían responsables –más allá de la airada protesta de la patronal– de tres de cada diez siniestros incluyendo los cincuenta mayores de nuestra historia, un total de más de noventa mil hectáreas perdidas. A los que siguen los “ganaderos inconscientes” a los que se endosan uno de cada cuatro pero el doble de territorio malogrado, o los “malos cazadores”, que buscan el beneficio de ciertas especies en los quemados, sin contar a los especuladores, a los famosos imprudentes o a los insensatos que buscan garantizar su salario en el retén. Un panorama desolador con un agravante: que sólo se logra arrestar al uno por ciento de los incendiarios y, lo que cierra el círculo vicioso, que apenas se logra juzgar al 20 por ciento de los detenidos. Algo, más bien, muchas cosas, no funcionan en este crematorio que más pronto que tarde va a acusar sin remedio el daño soportado. La España que una ardilla podía cruzar sin pisar tierra hace tiempo que no existe. Pronto puede que tampoco exista la actual.
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Era un cuento, una escapatoria, pues, al parecer, el de la silueta del pirómano camuflado en su propia identidad. Y en todo caso en la lista de Greenpeace se echa de menos al fantasma más real, a saber, el de esas Administraciones que regatean a porfía en la limpieza previsora del monte, única garantía efectiva frente a la mano criminal o al fatal accidente. En Huelva, tras el incendio devorador ocurrido hace tres años, de creer a los lugareños y a los vigías conservacionistas, ni siquiera se han limpiado todavía los montes abrasados. Aunque probablemente el gran fallo está en el dispositivo sancionador, en ese código gaseoso que no está a la altura de las circunstancias, en ese aparato judicial carente de recursos y expertos y, sobre todo, en la difundida conciencia de impunidad que justifica sobradamente lo que sabemos y decíamos antes: que apenas se pilla a uno de cada cien incendiarios y no se juzga más que a veinte de cada cien entre los pillados. Mal de muchos, en todo caso, como ilustra en estos terribles momentos el resplandor de la hoguera griega. En USA se han dictado hasta cadenas perpetuas para grandes incendiarios, según parece. Por acá somos más benignos, y más gremialistas, pero también más abandonados. No hemos sido capaz de organizar siquiera un operativo antiincendios que excluya al incendiario, eso lo dice todo. Ni de forzar a nuestros gobernantes, a través de la opinión, a invertir calladamente en esa tarea invisible que es la única útil aunque no dé votos. La ardilla de Plinio ha abdicado en el topillo su corona imaginaria. En el Gobierno se consuelan seguros de que ya vendrá el invierno.

9 Comentarios

  1. (Pido disculpas a mis hermanas avecillas porque ‘abrenoite’ no es sino el ratón con alas y dientes). Será porque todo se pega un poco pero yo respondería a la pregunta del Anfi con esta otra archisabida: Qui prodest? Incluso con otra de clarita respuesta: ¿qué monte arde?

    En la lejana Galicia ha desaparecido prácticamente la fraga -ojo, minúscula y femenino- que detalló Wenceslao F. Florez en su bosque animado, con sus inolvidables personajes: el honesto bandido Fendetestas, el difunto separado de la Santa Compaña, el Cojito… Es difícil encontrar un carballo, unas nogalas, un castiñeiro, incluso un sotobosque de helechos. El eucalipto invasor se lo ha tragado todo. Cuando admiro un pino gallego, con su frondosidad de riego por el orballo casi permanente, me entran ganas de besarlo como una reliquia viva. El oleoso y bienoliente eucalipto arde como una tea, sobre todo su ramaje. Su palo quemado es bastante aprovechable y vale dos perras gordas. Con un tratamiento adecuado se aprovecha y se muele para hacer ese aglomerado que invade nuestros hogares. Ahí hay pasta.

    No termino de aclrarme del beneficio de esos ganaderos, salvo que en ciertas zonas pronto cunde la yerba, pero no olvidemos que la ganadería de hoy es intensiva, estabulada y la ternera hormonada que nos comemos se mueve menos que un avión de mármol. Casi igual podemos decir de ovejas y cabras. Pregunten a los queseros.

    El pirómano resentido, el que vivió del momio varios años y este no, porque su puesto lo ocupó otro más enchufado, puede ser una buena cabeza de turco, pero también una dura realidad. Pienesen que estos retenes pasan buena parte del verano rascándose los c…uellos hasta que salta la fogata. No es demasiado duro el trabajo de cobrar unos meses y currelar unos pocos días.

    Creo que la aeronáutica portadora de agua no toda es de carácter público. Hay quien tiene su pájaro de hierro y cobra excelentes alquileres cuando trabaja en esos días de calor.

    Todo un mundo de egoísmos al que no le importa que el monte se queme. El inolvidable Chumy fue el creador de la ingeniosa viñeta: ‘Cuando un monte se quema, algo suyo se quema… señor conde’.

    Ayer o antier hablábamos de la perpetua. No sería mala cosa que los presos se ganaran su comida y cama trabajando un tiempito al año preparando cortafuegos y desbrozando lo abandonado. No hay que olvidar que la prevención de los fuegos del verano se realiza durante el rsto del año. (Acepto collejas por sugerir que la población reclusa se gane el sustento y el alquiler del chabolo).

  2. España es el pais de la CEE con mayor valor medio ambiental. Estadísticas de Bruselas.

    El ecosistema del bosque mediterráneo que susbsiste hoy en nuestro país es el principal elemento de ese inventario valorativo. La principal amenaza no es el fuego sino la falta de conciencia de la sociedad por su valor.

    Si algo se valora se cuida, y si se cuida se mantiene y se incrementa, compensando con creces los riesgos inherentes a ese bien.
    En tanto se deje el cuidado de los bosques solo a la Administración no habrá garantía de pervivencia de esos valores naturales.

    La carencia de valores eticos de nuestra sociedad, que se plasmen en aprecio y defensa práctica de nuestro patrimonio son el cancer que nos asola el monte.

    Saludos a todos.

  3. Tremenda realidda y, supongo, gravísimo problema. Respeto al opinión de nuestro Quercus (¿quercus o illex?), pero mucho temo que tampoco estén preparados los agentes ecologistas para compartir la tarea que ha de ejercer sin duda el Poder legítimo. Lo que no sé, y me gustaría saber, es si en otros países importantes esa propuesta “descentralizadora” se ha llevaod a cabo. Por favor, Quercus, infórme a esta parroquia su así fuera.

  4. Lo siento pero estoy con los amigos de la mano dura también es este asunto. Lo del procentaje de detenciones es definitivo pero el fracaso de la Justicia es todavía más elocuente.

  5. Sí, señor, mano dura, leña al mono. Labradores, ganaderos, cazadores, hijos de puta, me da igua: el remedio no puede ser otro que hacerles saber que la que les espera en caso de perpetrar ese crimen absurdo será de órdago. Por uns ciewntos o miles de millones, peor también por el sabor de la venganza, cualquier loco estará dispuesto a quemarnos a todos si sabe que le saldrá a precio de saldo en el peor de los casos.

  6. No quiero discutir pero creo que la propuesta de Quercus no tiene mucho sentido práctico. Un país bien organizado no puede esperar que sus propios ciudadanos le garanticen la seguridad. stoy de acuerdo en general con el planteamiento –también hoi irónico, por momentos– de nuestro amigo jagm.

  7. Al Reverendo de este conventículo. El padre Linneo la hizo buena con su clasificación. Evidentemente el quercus illex o rotundifolia (tela!) es, al menos para mí, el más noble de la familia, nuestra ibérica y occidental encina a la que llamamos carrasca de jovencita. Pero no me olvide al poderoso q. robur, o al más humilde q. fagínea, el quejigo y su hermanilla la coscoja, semiarbusto. O al orgulloso quercus alba (Alburquerque) prestándole apellido a duqueses y gente de tronío.

    Tuve un profe -cura, por demás- que nos enganchó a la Botánica y rivalizábamos en saber más que los demás compañeros (igualito que la Logse). Voy a ser todo lo inmodesto del mundo dejando aquí escrito que mi nota en Ciencias de 5º fue matrícula de honor. Han pasado casi cincuenta años. Dios.

  8. Pero, Miss, entonces es usted casi una chiquilla! Y eso que siempre presumiendo de años y de ancianidad! Ay, miss, si sigue usted así voy a terminar perdiéndole el respeto!

    Una forma facil de poner coto a la especulación, es prohibir que las tierras devastadas sean constructibles antes de 50 años.
    Lo que está pasando en Grecia es atroz.

  9. Esa prohibición ya rige aquí, doña Sicard, y ya ve los resultados. Ahora sabemos que no son sólo los especuladores (ni los “asociales”) quienes queman elmonte sino los propios labriegos y gfanaderos, entre otros. Estaba cantaod por más que Asaja (patronal del campo: aclaración para doña Sicard) se rasgue las vestiduras.

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