Mientras arde el vertedero de residuos tóxicos y peligrosos instalado en el pueblo, los vecinos de Nerva se desviven en la incertidumbre que abona la ambigüedad de la consejería de Medio Ambiente de la Junta. Es obvio que el cierre que reclaman muchas voces compromete el pan de numerosos trabajadores, pero no es menos cierto que, a estas alturas, ni siquiera sabemos cuál es el alcance real del riesgo, y que no tendría perdón de Dios aguardar a que se produjeran efectos graves e irreversibles para adoptar medidas. En algo, en todo caso, lleva razón el fundamentalismo ecologista y es en que no queda otro remedio que buscarle a instalaciones tan inquietantes un emplazamiento alejado de los ciudadanos. Meter la cabeza bajo el ala, como hace la Junta hace años, no puede conducir a nada bueno y sí, por desgracia, a mucho malo.

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