Siguiendo la tragedia haitiana uno llega a preguntarse si acaso lo que ocurre con ella, como con las de otras naciones, es que se han vuelto inviables en un mundo como el actual. Echen una mirada a Haití, a ese purgatorio, por dejarlo sólo en eso, del que nos llega la imagen de los desdichados desnudos agonizando en plena calle ante la indiferencia general, lazareto abierto, en el que el cólera se ha llevado por delante en un mes a 1.500 desgraciados y no hay signos de que vaya a remitir. Observen el cuajo de la ONU proclamando que las elecciones que se están celebrando se desarrollarán en “un clima sereno”, justo cuando doce candidatos reclaman que se pare el carro, se anulen los votos y se ponga pie en pared frente a la epidemia. Se estima que el terremoto pasado ha causado en su población no menos de un cuarto de millón de muertos (desde enero para acá) y ya empiezan a circular leyendas en las que el fantasma conspiratorio presenta a Occidente como el responsable alevoso de la epidemia que habría sido introducida en sus ríos para destruir el país y hacerse con el control de sus recursos naturales. Parece como si en el inconsciente colectivo hiciera de las suyas el recuerdo de un pasado en el que –como en la epopeya de Carpentier, “El siglo de las luces”—no es fácil negar que la vieja Europa colonialista y expoliadora llevara a aquellos lares, junto con los ideales más altos, la silueta funesta de la guillotina. ¿Qué hacer en un país arrasado, sometido, martirizado y, encima, víctima de la enfermedad imparable, en el que, además, el Estado ha quedado sublimado en una mera sombra, reducido casi a la nada? ¿Será que hay países que se han vuelto inviables, países imposibles en un (des)concierto mundial cuya gravedad aplasta su capacidad de resistencia hasta conducirlo al fin de su historia?

 

Hay quien, en ese sentido, vuelve los ojos no sólo a Haití sino al Tibet o al Sáhara, como si para ellos hubiera sonado la trompeta final y no hubiera ya manera de sostenerlos en pie como entidades históricas, conmovidos sus cimientos por el seísmo de los grandes intereses y el supremo desinterés, que es su reverso. La gente desnuda agonizando en la calle, a ver quién da más en esta puja enloquecida que parece haberse animado tanto con el nuevo milenio, los ricos del mundo contemplando el panorama indiferentes, como aguardando, en efecto, a que se consume la tragedia y caiga definitivamente el telón. ¿Serán realmente imposibles países como Haití en esta escala magna que, quién sabe si temerariamente, hemos asumido como idónea? Puede que esa sea la pregunta realista que exige este espectáculo canalla.

4 Comentarios

  1. Interesante hipótesis, la de los países probablemente inviables, pero peligrosa. ¿Qué hacer con Haití si prospera esa teoría, liquidralo como país, qué hacer con el Sáhara, entregarlo a Marruecos… y mil ejemplos más? Sin emabrgo, me interesa el planteamiento porque se aparta de los habituales al afrontar la dificultad real y objetiva de considerar un Estado a ese montaje cuarteado que sostiene a países como Haití.

  2. ¿No es el camino más fácil el que escoge hoy el autor? Así se acaba el problema de los países en dificultades extremas.

  3. Es de tener, y mucho, que España mismo (por no hablar de Frecia po Irlanda ya) sean también países que han caído en un abismo en el que pudieran ser irecuperables. ¿Volveremos a ser los mismos si Europa nos llega a intervenir –a salvar, según ellos–, o habremos perdido nuestra autonomía y, en cierto modo, también nuestra independencia? Yo no lo sé, si hay algyuien aquí que lo sepa le agradacería un poco de luz sobre el tema.

  4. Difícil cuestión. ¿No viable un Sáhara con su arrebatada riqueza en nitrstos y en pesquerías? Si no fuera viable Haití ¿por qué sería desde hace siglos codiciada presa de los colonialistas? No es justo que respetemos a tope la identidad de Mónaco o Andorra, por no alargar la lista, y sin embargo, se cuestione la de esos países desgraciados, dejados de la mano de Dios y de la de los hombres poderosos de este mundo. Lo que jagm se pregunta tiene sentido, sin embargo, sobre todo teniendo en cuenta lo que está ocurriendo y lo que puede suceder en el futuro en esos ¿países imposibles?

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