El fracaso electoral de la izquierda en las elecciones va a abrir, por fin, el debate sobre el viejo sistema bipolar aunque, de momento al menos, no se oigan más que comentarios defensivos que no hacen sino traslucir la indigencia ideológica que suele propiciar el desconcierto, como esos, procedentes del ámbito tardocomunista, que justifican su fracaso en los comicios con el argumento de que “el pueblo se ha equivocado” o, incluso, se permiten ultrajarlo diciendo que esta sociedad “deja mucho que desear”. Desde su observatorio de Berlín, Ignacio Sotelo ha explicado que los cambios de la sociedad han dejado fuera de juego los tres modelos históricos del socialismo –el soviético, el socialdemócrata y el neoliberal—sencillamente porque han privado al proyecto de su base social, en la medida en que no es posible apoyarse en un esquema clasista cuando el trabajo ha dejado de ser, de hecho, el “eje que articula la vida”. Lo que no hace Sotelo ni nadie es decirnos “qué hacer” –responder a la clásica pregunta de Lenin—en un medio social tan distinto para refundar la utopía, máxime cuandola acción política ha de insertarse en un marco asociativo que reduce al máximo el margen de los Estados a la hora de adoptar decisiones socioeconómicas. No querer ver que el Sistema ha logrado imponerse en esta etapa histórica hasta el punto de conseguir que prevalezca un único paradigma ideológico y que, como consecuencia, la praxis política deba excluir cualquier tentación de actuar al margen de aquel, es cerrar los ojos voluntariamente. Hoy el par derecha-izquierda ha sido fundido en un prototipo práctico único, ése que “ha aceptado el neoliberalismo como última expresión de la racionalidad económica” (Sotelo) de tal manera que cualquier partido en el poder deberá ajustarse a él o será arrollado críticamente por la realidad.

No importa quién, cualquiera encaramado a un Gobierno europeo deberá aplicar las recetas que fortalecen esa racionalidad como único medio para mantener la relativa y decreciente prosperidad. El “Welfare State”, convertido por la crisis en “Estado del malestar”, es ya un recuerdo añorado, por más que su herencia no deje de ser importante. Quien quiera una izquierda realista actualmente tendrá que reinventar la utopía. Y esa tarea nada tiene que ver con una izquierda que, desconectada sin remedio de la lucha directa, concibe a sus partidos como meros instrumentos electorales. Los Solchagas y los Solbes no se distinguen ya en nada ideológicamente de los Rato o los Montoro: lo demás son cuentos. La Izquierda necesaria ni está ni es esperada. La esperanza y la desesperación aparecen hoy teñidas de un único color.

10 Comentarios

  1. Una reflexión lúcida, que expresa bien el sentimiento de muchos de nosotros, los viejos rockeros sesentayochistas, que vemos que esto se ha convertido en un oficio cuando no en un negocio. No se vea en ello decaimiento, que ja es persona de arrestos y aguante demostrado. Pero también ejemplo de independencia de criterio. Cuanto dice hoy me parece de lo más sensato.

  2. Pues vaya panorama, jefe. ¿De verdad no queda ya nada a qué agarrarse? Me gustaría conocer de primera mano a que se agarra usted, que vota por ejemplo, no por malsana curiosidad sino para alumbrarme un poco en mi desconcierto.

  3. ¿Un poquito derrotista, la tensión baja, el soponcio postelectoral? Menos mal que nos conocemos, pero además si se lee con atención resulta que se entiende y todo resulta sumible. Lo peor de todo es la ceguera voluntaria, el no querer ver que atravesamos un desierto sin horizonte. ¿Es esta situación definitiva o puede esperarse todavía algo en favor de la justicia? Difícil se ve, pero hay que manteenr la esperanza. jagm no dice lo contrario. Dice solamente que hay que reinventar la utopía…

  4. Esta derrota, para mí, no es la dela ziquierda sino la de un partido en concreto que se hace llamar de izquierda. La crisis de la izquiera, sobre la que aquí de ha tratado mucho dada la inclinación de gm por Bourdieu, es muy vieja a estas alturas, como se ve un muchos países de Europa, concretamente en los más avanzados y mejor colocados. Lo que me parece muy pèrtinente es la glosa a Sotelo, que como otros tantos, mucha disección, mucho análisis, pero poco proyectos, y menos soluciones. No creo que la tendencia de izquierda –el deseo de cambiar el modelo social explotador por otro más justo y más libre– muera nunca. De lo que no estoy tan seguro es de que, a coroto plazo, vaya a tener oportunidad de levantar cabeza.

  5. Estoy con Rap: vaya panorama. Y desde luego: si, es verdad, sólo hay que reinventar la utopía….pero quien será el guapo que pueda y se atreva a ello, si no es que le ponen en el paredón antes…..
    Besos.

  6. La Historia ha fingido muchas veces que estaba al final del trayecto y luego se ha mostrado de nuevo rejuvenecida. Igual le ocurre a algunos fenómeno sociales, entre ellos los ideológicos. En los años 60 y 70 el liberalismo estaba mal visto en nuestras universidades en las que el marxismo era doctrina obligatoria aunque es verdad que no compartida por la mayoría. Nunca se sabe porque las ideas cambian con las circunstancias (condiciones objetivas las llamaba Marx) de manera que deben su existencia a las demandas reales de cada época. Es probable que un siglo antes el cristianismo nohubiera conocido el éxito espectacular que experimentó en el siglo I hasta el IV. Quiero decir que el que vivimos no es momento para la Izquierda, pero que nunca se sabe qué ocurrirá mañana.

  7. Tema caliente, el de hoy, que podrá ser malinterpretdao (ahí tienen al descerebrado que escupe más arriba) pero que a mí me parece expuesto con máxima corrección. Lo que ha añadido el doctro Pangloss puede que no sea creído por bastante gente pero a mí me parece acertado. Hay que aprovechar la experiencia que tenemos y recordar que ha habido en el pasado épocas muy diversas, en las que primaban ideologías luego periclitadas y viceversa. Reiventar la utopía es, a buen seguro, el tema, tal como se señala por jagm. Ojalá que si se hace, ésta vez los inventores tengan los pies en el suelo.

  8. TRas esta crisis va a haber que pensarse mucho los proyectos políticos que busquen la reforma de la sociedad. La Utopía lo es hoy más que nunca. Y el enemigo parace más fuerte que en cualquier otra época por el hecho de que su invisibilidad no le quita la adhesión mayoritaria de las sociedades. No sé si será verdad que el hombre nunca persiguió de verdad otro modelo fuera del asilvestrado que soprota desde la prehistoria. Pero lo parece.

  9. Todo está muy bien y, sin embargo, nos puede la sensación de que el proyecto reformista de una izquierda utópica, tal como lo conocemos heredado del XIX, tiene hoy por hoy mal arreglo. Cierto, la vida da muchas vueltas, como hemos visto algunos de nosotros, los mmás añosos, pero el crac ideológico está siendo tan fuerte que me temo que va a tener que aparecer un gigante (como los del XIX, pues sí) para que el milagro sea posible. Sotelo lleva razón en que la lucja enfocada dede la realidad de las clases ha dejado de tener sentido en esta sociedad que tanto ha cambiado su estructura, y en la que el trabajo ya no es lo que era… cuando lo era todo… frente al capital. ¿No han oído a esos jóvenes desnortados que ocupan las plazas? No tienen ni idea de qué pedir, con el agravante de que piden algunas cosas absurdas y otras demasiado obvias. A esos no los va a desarmar una paliza como la de esta mañana en Barcelona, sino su propia inopia, dicho sea sin olvidar que son nuestros hijos, acaso nuestros nietos, puede que gente de nuestra propia generación que ha perdido todos los trenes. Sotela no da soluciones porque tal vez no las hay en este momento. jagm lo sabe, por supuesto, y por eso lo trata con tanto respeto aparte de una antigua relación y amistad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.