No me parece que sea éste buen momento para embarrar todo el escenario político, pero supongo que Barrero habrá caído a estas alturas en la cuenta de lo impropio, además de injusto e infundado, que resultaba su alusión a las barbas ajenas por referencia a Marbella y al Ayuntamiento de la capital. Ahí tiene ahora, por ejemplo, a la oposición diciéndole lo propio a uno de los suyos, al alcalde de Almonte, que no es que tenga muy buena defensa, y hablando, a su vez, de “trama marbellí” de Almonte, algo de lo que Barrero no debería extrañarse a poco que recuerde de qué injusta manera se trató de involucrar al alcalde de Punta Umbría –justo al que le dio el revolcón electoral a él mismo– en un escándalo sevillano. ¿Marbella y Almonte? Vamos a acabar todos con el barro hasta el cuello, pero ciertamente los políticos no podrán quejarse más que de sus propias acciones y reacciones.

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