Durante la larga noche de la dictadura fue frecuente la imagen de manifestantes que trataban de llamar la atención encadenados aguardando a que llegaran los guardias provistos de porras y cortafríos para darles la del tigre una vez a buen recaudo de la mirada pública. También recuerdo el gesto de un maletilla sevillano, el gran Camarena, que decidió pedir una “oportunidad” encandenándose, como Prometeo, a la propia cadena foral que rodea la catedral, pero a ése lo entendió divinamente el difunto Canorea, el creador de la dinastía, y no le dio una sino tres seguidas, que era lo que menos esperaba el encadenado. Un fracaso estrepitoso de crítica y público además de los tres tragantones de aúpa en la Maestranza borraron de los anales taurinos para siempre a aquel gladiador que exigía ingenuamente al viejo zorro el derecho imaginario a probar su destreza, y ya nunca más se supo de él ni de su tauromaquia inédita. Claro que no era lo mismo encadenarse a la verja del ministerio del Ejército que hacerlo en la avenida de Sevilla como no lo era desafiar a la tiranía que provocar a un empresario, y mucho menos, desde luego, el acto vanamente simbólico de una baronesa consorte adornándose con cadenas en plena democracia. Todo vale en campaña, por supuesto, incluso una convocatoria de la ex de Espartaco Santoni –quien, por cierto, parece que la ponía a caer de un burro en su miserable memorial– por inverosímil que resulte ese hierro coquetamente dispuesto sobre el modelo primaveral de la manifestante. “¡Los árboles no se van a talar! Primero me tendrían que cortar a mí un brazo” ha dicho la alta dama antes de subirse al podio institucional: “Ni yo ni Esperanza Aguirre (por ese orden), lo vamos a permitir”. Ahí queda eso. No se escuchaba nada parecido en la Villa y Corte desde que las vecindonas de Malasaña se la organizaron a Napoleón.

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Cuando he oído a alguien referirse al motín del Prado como exponente de lo que puede esperarse de la “sociedad civil” he pensado la mala suerte de algunos conceptos arrastrados por la moda, como éste tan socorrido que desde luego no reconocerían ni por el forro ni Locke ni Hegel ni, mucho menos, el pobre Gramsci, que ése sí que supo de cadenas. Pero ha sido la amenaza –auténtico “chantaje civil”, es decir, político– de llevarse por las bravas el museo de su marido si el alcalde legítimo no se pliega a sus deseos, lo que creo que mejor deja en evidencia la absoluta idiotez, no de la baronesa, que ella tiene derecho a gestionar su ‘marchandising’, sino de esos ciudadanos repentinamente rebeldes que, con el desconocido candidato de ZP a la cabeza, se han congregado a su alrededor como los petimetres hambrientos de la Ilustración se reunían en torno a las croquetas del buffet de las marquesas para hablar de los derechos de la Humanidad y, de paso, matar el gusanillo. En el ‘hall’ del Museo Thyssen se exhiben simétricas dos parejas de retratos descomunales, una de ellas representando a los Reyes de España y la otra con las figuras de esa pareja tardía del planeta rosa que, quién lo iba a decir, acabaría siendo el árbitro de los destinos museísticos de Madrid o, al menos, intentándolo. Bueno, pues eso es lo que pasa por consentir esos paralelos, de aquellos polvos demagógicos viene estos lodos electoralistas. “Los árboles son divinos y únicos”, ha dogmatizado esta pitia que reclama el poder civil acaso recordando las acrobacias selváticas de Lex Barker, el ‘Tarzán’ de su juventud. Y el coro electoral se ha desgañitado aclamándola como a una Carlota Corday por lo menos. Es maravilloso lo que se puede hacer en una democracia. “Ni yo ni Esperanza Aguirre lo vamos a consentir”, qué coños. Hace unos años me encontré al maletilla que antes mencioné, de vuelta ya de ensoñaciones y fantasmagorías, tieso como una regla y resignado con la vida. “¿Volverías a pedir hoy una oportunidad, tío?”, quise saber. Y ni me contestó, el puñetero.

10 Comentarios

  1. 11:31
    Muy duro con el Camarena, Maestro, yo tampoco le habría contestado.

    Confieso sin rubor no haber visitado el Thyssen a pesar de vivir en Madrid y sigue sin estar en mis prioridades. Quitando a los conserjes no creo que nadie modifique su voto por semejante motivo.
    Póngase como se ponga la baronesa viuda yo votaré, y lo digo sin acritud, lo que… Naturalmente no puedo votar a Simancas, acreditado y veterano cantamañanas, al que solo le ha faltado ofrecernos una mujer blanca y un coche americano a cada elector. Mujer blanca ya tengo y coche americano no hay quien lo aparque en Madrid.

  2. A mi don Jefe se le pasa decir, pero para eso está mi lengua viperina, que los cuatro cuadros del vestíbulo del Thyssen -juraría que de Miñarro, pero no me hagan mucho caso, que mi memoria no es la del Anfi- son un perfecto ejemplo de pintor cortesano en el más baboso sentido del término.

    Los cuatro prendas aparecen altos, delgados -la Griega y la Tarzana son dos sílfides- y ni se les nota, al señor Borbón los estragos de su penoso trabajo ni al barón su ya entonces conocida afición al Cumbre de Gredos.

    ¿Chantaje? Pues naturaca. Si el asesino múltiple del norte anda de shopping y de polvetes, ¿por qué no va Cachuli a seguir sus huellas, o la recauchutada Cervera a montar el numerito de las caenas? Aquí, en esta Expaña no Sarkoista, quien no chantajea es porque no puede. Ya les diría yo, si pudiera agarrar por los testiguillos a quien yo me sé, si mis asuntos con mis señoritos iban o no iban a navegar de bolina.

  3. Crucificada, mi don josian, me la ha crucificado usted, a la pobre. Es usted malísimo recordando las “memorias” de Espartaco y rememorando los brincos de Tarzán, pero ella se lo ha buscado. Sólo un puebklo tan imbécil como éste puede estar pendiente de una persona como la de referencia.

  4. Y por qué no lo dice con todas sus letras, mi don Páter: puton verbenero y desorejado. Cada vez que oigo llamar baronesa a la interfecta me divido entre el asco y la risa hasta partirme en dos.

  5. No se pase, Berdigón, que no hace falta degradarse uno mismo para expresar el menosprecio. Lo interesante es la tesis de que esos personajes se crean a la altura de las instituciones: “Ni yo ni Esperanza Aguirre (por ese orden)…”…

  6. Siempre está requetebién oponerse a la tala de árboles. Los tale el PP o los tales el PSOE, eso sí. Invitemos a los manifestantes de Madrid, cancidato desconocido incluido, a pasarse por Sevilla para comprobar la tala vriminal llevada a cabo por el Ayuntamiento hasta convetir buena parte del centro en una “plaza/calle dura”.

  7. Me divierto desde lejos con esa escena que también he visto en los diarios, pero hoy han ocurrido dos cosas –lo de Francia y lo de Batasuna– que me impiden “descentrarme”. Lo siento, querido, tu columna me divirtió mucho, en todo caso.

  8. Siempre me pareció un error pactar con este tipo de gente (en esa fortuna hay hasta dinero ganado en las factorías nazis) y menos habiendo por medio un personaje como la ex de Espartaco y Tarzán. Lo de los retratos que dice gm está muy bien: ésa es el error: parangonar a los reyes con dos mundindis adinerados, ella encima sobrevenida.

  9. Vamos, mi don Ropón, alegre ese espíritu, querido. Tiempo habrá de elaborar el duelo. Hoy estamos en primavera y las jaracandas se han vestido de lila. Fue un halago de madre Natura cuando en la media luz del amanecer, me ví en una avenida en flor y apagué la radio del coche, porque ni pasarme al Cd del Sordo me apetecía ante tanto esplendor.

    (Por cierto, dice hoy mi don MP en EM que la eta lleva años sin matar, excepción de los dos desdichados de la T-4, como si las criaturas hubieran muerto por un tsunami o el peñascazo de un meteorito. Se ve que los años ablandan los corazones. Nos ha jeringao.)

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