La anécdota la contó Vilallonga, recordando cuando, en la mili, hubo de acompañar como conductor a un general proverbialmente estólido al que llevó a ver cierta catedral catalana para mostrarle una célebre vidriera, ante la que el espadón se quedó como absorto y ensimismado, y al preguntarle Villallonga la causa del soponcio recibió una escueta respuesta : “¡Joder, qué pedrada tiene!”. La anécdota se viene a la memoria al escuchar al Ayuntamiento de Antequera minimizar la investigada venta de 17 vidrieras recuperadas por la Guardia Civil del chisgón de un chatarrero, con una fórmula escueta: las vidrieras no eran más que “simples cristaleras de hojalata y cristal” (sic). Nuestra historia cultural era y es la crónica de una chuscada.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.