Había que poseer el talento histriónico y la incomparable gracia de Beni de Cádiz para hacer aquellas parodias cómicas sobre el acento catalán que tanto cabrearon a muchos catalanes deshumorados. Para hacer lo que ha hecho el “honorable” Mas, sin embargo, no hace falta más que ser xenófobo, es decir, creer que el derecho propio a la identidad es también exclusivo y que, en consecuencia, sería delito de lesa patria descalificar a los hablantes catalanes mientras que ridiculizar a otros, por ejemplo, a los andaluces, no pasaría de ser algo tan insignificante que una mínima disculpa bastaría para redimirlo. Beni solía rematar chuscamente sus caricaturas con su famoso “¡Qué mamarracho…!” a sabiendas de que hacía comedia. Aplicárselo al presidente Mas en este caso y en serio estaría plenamente justificado.

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