Ha estado elocuente el fracasado candidato a la alcaldía de Sevilla cuando ha expresado su preocupación  porque el nuevo alcalde, que ha emprendido una audaz reforma burocrática y administrativa, “se quiera ocultar detrás de los funcionarios”. Es otra vez el pecado original de un partido hegemónico que llegó prometiendo una reforma de la Función Pública pero no hizo sino procurar una gestión politizada de la autonomía en la que los trabajadores de carrera resultaban sospechosos si no eran expresamente adictos. Mucho antes de que Griñán osara la “funcionarización encubierta” (la expresión es de un juez) de sus contratados a dedo, la Junta prescindió de los funcionarios por derecho propio que no son otra cosa que la garantía de neutralidad en la aplicación de la Ley. El PSOE no se fio nunca de los genuinos trabajadores públicos. Esto que ahora ocurre no es más que un experimento desesperado ante el riesgo de perder el poder.

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