Mi respeto a la costaleras de vocación. Por mí, como si hacen el Vía Crucis completo o hacen doblete al día siguiente. No es cosa de extrañarse de que también haya llegado a ese ámbito tan peculiar –el de los costaleros– el ánimo “paritario”, el designio de conseguir que las mujeres hagan lo mismo que los hombres, sea lo que sea. Y menos aún sería cosa de oponerse, como han hecho, y con expresiones gruesas y dudosas, los machos del cotarro. Ahora bien, España entera pendiente, telediario tras telediario, de esta suerte de odisea menor parece demasiado, sobre todo si se pretende que la imagen de Andalucía comporte la menor dosis de folclorismo posible. Y reclamar la paridad bajo la trabajadera es más un caprichoso esperpento que una exigencia seria en una sociedad en la que la mujer tiene pendientes tantas batallas graves. No sé qué pensarán de este rifirrafe las mujeres de Delphi, las que soportan salarios inferiores, las discriminadas laborales, las maltratadas sin solución efectiva y tantas otras, pero me extrañaría que entre en sus prioridades “de género” el derecho a romperse el cuello en una ‘levantá’.

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