El mundo al revés

Desde luego no seré yo quien le discuta a la señora Presidente el objeto de la huelga a la que acaba de apuntarse públicamente –tan puesto en razón—pero empieza a resultar cuando menos extraño esta inversión de roles políticos y sociales que supone el hecho de que un Gobierno convoque o apoye una huelga. Ya ocurrió en Cataluña, hace bien poco, y ocurre ahora aquí, como si fuera normal que los paros de protesta se convoquen o apoyen desde el Poder y no contra él. La huelga es un recurso tan legítimo como extremo en manos de los ciudadanos perjudicados y no debe convertirse, por eso mismo, en un instrumento de propaganda política. Vale que un Gobierno simpatice con los huelguistas. Que los encabece es ya el mundo al revés.

La casa por barrer

A la vista de la inconcebible anarquía reinante en la costa gaditana, discuten y riñen el Gobierno y la Junta: unos por otros y la casa sin barrer. Que falla la seguridad es tan obvio como que el origen de ese drama está en la ruina que vive la zona, y si lo primero es culpa del Gobierno, lo segundo depende de una Junta que hace decenios que viene parcheando esa canasta con EREs y subvenciones pero sin un proyecto socioeconómico realista y firme. Por eso resulta tan impropia la pelea institucional frente a la necesidad social. Lo de Cádiz empieza a ser la versión española de lo de Sicilia o lo de Nápoles, porque el crimen lo trae y provoca la anomia. El politiqueo partidista debe dar paso sin demora a un entendimiento de los poderes públicos.

¡Al pulpo, ni reñirle!

En el laberinto de los ERE se están produciendo raros efectos, idas y venidas, saltos y retrocesos. Reciente y significativo es el visible acercamiento de las defensas de los implicados mayores –hasta ahora displicentes cuando no enemigas feroces— del acusado más obvio, esto es, del descarado director general de Empleo que manejó en propia mano los fondos dilapidados. Parece como si la metáfora chaviana de los “cuatro golfos” se hubiera quedado obsoleta o revuelto peligrosa ante una eventual reacción de ese acusado, ahora retractado, pero que fue quien descubrió (sic) el “fondo de reptiles. Se proyectan en la Sala, entrelazados, el chiste del pulpo y el del dentista, ¿recuerdan? ¡Vamos a llevarnos bien que será mejor para todos! Toda defensa, por supuesto, es legítima. El toque está en dilucidar las razones del cambio.

Gestión improvisada

Lo decíamos muchos allá por el mágico 92, cuando dijeron que Andalucía se iba a convertir en el faro de Europa, crisol de culturas y cruce entre no sé cuántos continentes: nunca se arreglará esta pobrea sin un serio “plan de desarrollo”. El mejor ejemplo que tuvimos a mano fue el debate entre “expertos amigos” que cobró lo suyo por decidir cómo sacar la comarca de Doñana –ese castigado paraíso—de su atraso inmemorial, unos “sabios” que cifraron su futuro recomendando ¡la “miel de romero” y el “cisco picón”! de la zona, aparte de proponer la creación de centros varios para atraer al turismo, en los que se gastó una millonada y hoy (como ayer explicaba este diario) abandonados a su previsible ruina. Sin ese “plan” seguimos aunque hayamos levantado, eso sí, la mayor sociedad subvencionada que se recuerda.

Divide y perderás

Se venía venir desde hace tiempo: un PP dividido sólo podía bajar hasta tocar fondo. Y así está siendo. La encuesta que ayer publicaba este diario pronostica que el Ayuntamiento de Sevilla –la joya de la corona municipal- – seguirá en manos de ese discreto alcalde del PSOE mientras la oposición conservata se derrumba sobre sus cimientos rotos. No sé a ciencia cierta cómo será el cuento, pero está a la vista una división interna que no es, ciertamente, nueva, y que obedece a los hilos que se mueven desde Madrid. Curioso: un PSOE también dividido sobrevive mientras su eterno rival se hunde, ¿por qué será? Como dirían en Cádiz, “el que la lleva la entiende”, pero no me dirán que, en esta ocasión, no se veían de lejos tanto el cristobita como las manos del titiritero.

Abaddón anda suelto

De nuevo nos aterra la noticia que llega desde Norteamérica, en esta ocasión ilustrada con el rostro helador de un joven, al parecer perturbado, que repite la liturgia de la masacre en la escuela. Abaddón el Exterminador, la cara oscura de esa democrática luna feliz capaz de liquidar a un Presidente mentiroso pero plegada a la tragedia que implica la tenencia masiva de armas. ¡Un millón y medio se vendieron el año pasado en el gran país con un prohibitivo saldo de víctimas! Desde el mismo escenario de la nueva batalla, una adolescente se pregunta trémula cómo es posible que se exija la edad de 21 años para comprar alcohol mientras se permite adquirir sin problemas armas devastadoras con sólo 18. Sobre las sangrientas imágenes del televisor, un experto pronostica que tras éste vendrán nuevos atentados que, a su vez, serán seguidos de otros.

¡Abaddón el Exterminador, el ángel apocalíptico que anda suelto, acreditado por una terca multitud que alimenta a sus langostas! Son temibles las cifras que ofrece aquel mercado de armas en el que cualquier ciudadano, sin mayores créditos, puede hacerse no ya con la consabida pistola –en EEUU casi un arma por habitante—, sino con un fusil de asalto. Un mal año el 2018: sólo en estos dos primeros e inconclusos meses parece ser que ya han sido abatidas 1.800 criaturas, lo que cobra sentido teniendo en cuenta que en el año que pasó se vendieron a ciegas un millón y medio de armas de todas clases. La lógica de los pioneros, el espíritu de la caravana, apela a la seguridad para legitimar su posesión. ¡El miedo a la libertad, diría Erich Fromm! Pero la dramática pregunta se plantea con urgencia y pulveriza la lógica ultraconservadora: ¿qué pintan en ese mercado las armas de guerra?¿Sabían ustedes que un fusil de asalto como el empleado por Abaddón no cuesta más, por lo visto, que ese hipnótico smartphone que mantiene en su limbo a la muchedumbre?

No nos engañemos, sin embargo: hay un culpable por encima del Mercado y es el Poder político. Un extravagante Trump se apresuró a devanar la madeja legal tejida por Obama –¡tan tímidamente!—, apretado por la misma legión ultra que admite la ejecución en la silla eléctrica de un menor tarado y mira hacia otra parte cuando contempla en el telediario estas catástrofes rituales. Estremece ese rostro asesino, demente tal vez, en cuyas manos puso al arma terrible un mercader sin escrúpulos. Con las bendiciones del Poder, hay que repetirlo, es decir, con el respaldo de medio país. Lo peor es, en todo caso, el vaticinio incomprensible del experto: “Continuará”.