Ni con agua caliente

¡Que no, que ni con agua caliente están dispuestos estos “sin oficio” a arriesgar sus poltronas! ¿Dónde quedó el propósito –que ya hizo ZP en Granada nada más llegar— de limitar los mandatos? El fracaso de la estrategia partidista de doña Susana (que quizá tiempo tendremos de lamentar: “Alguien vendrá/ que bueno te hará”, dice el antiguo adagio) ha hecho virar en redondo al susanismo que ahora, con el descarado apoyo del biempagado Consejo Consultivo de Andalucía, defiende la continuidad “sine die” del alto cargo y a vivir que son dos días. Los profesionales del grupo parlamentario del PSOE han ganado esta mano con el estrambótico informe de aquel organismo expletivo. Con tal de asegurar el pan y dormir tranquilo, cualquier cosa vale.

La Hispalense que fue

En al umbral de los años 60, la Universidad de Sevilla, la Hispalense, era un centro intelectual de alta categoría. Cuando alrededor de ese quicio y recién ganada la cátedra, llegó a ella don Manuel Olivencia –el discípulo de Candil y ayudante de Garrigues, al que en la “fiesta el rollo” los estudiantes complutenses llamaban “Olivencia el Joven”—uno podía encontrarse en la sala de profesores a un equipo excepcional en el que, jubilado ya el sabio maestro Carande y junto a un par de renuevos como Clavero y Jaime Añoveros, figuraba la constelación de los Cossío, Pelsmaeker, Lojendio, Gutiérrez Alviz, Elías de Tejada, Juan Manzano, Mariano Aguilar o el ex-ministro de la República Jiménez Fernández, un elenco difícilmente igualable dentro y fuera de Andalucía.

Olivencia venía de Madrid, como digo, donde había sido rector del mítico colegio mayor “César Carlos” y ganado la adjuntía, tras haberse doctorado en Bolonia y ampliado estudios en Alemania, concretamente en Munich, acaso representando a una nueva cohorte universitaria que, desde el respeto a los viejos maestros, se proponía la modernización del “alma mater”, entre otras cosas, abriendo, junto a una exigente docencia, un insospechado espacio a la investigación hasta entonces inusual si es que no desconocida. La novedad que supusieron aquellos “seminarios” es tan innegable como la dureza de las condiciones en que la Universidad se movía en el marco de una política autoritaria en la que comenzaban a percibirse brotes de rebeldía estudiantil y, más tarde, una creciente politización.

En aquel ambiente ejerció Olivencia su magisterio indiscutido desde el que pronto iniciaría también su actividad forense hasta convertirse en uno de los abogados mercantilistas mejor reputados del país, ser elegido numerario de la de Real Española de Jurisprudencia y de la de Buenas Letras sevillana, ejercer fugazmente de Subsecretario y, ¡vaya por Dios!, ser designado por González responsable de una Expo 92 en la que –tras una brillante gestión diplomática– pronto evidenció su incompatibilidad radical con un propósito y una gestión “resultadista” por completo despreocupada de la legalidad. Olivencia, el maestro, el jurista, el hombre honrado, no cabía en el ámbito pragmático de aquel gigantesco negocio y, tras recibir incluso una bomba de los terroristas, hubo de dimitir para reintegrarse a su doble vocación fundamental, la docencia y la abogacía. Pocas figuras como la suya y pocos claustros como el que se encontró en Sevilla, ciertamente, pero sobre todo, pocos ejemplos de rectitud ética como el que, sin una voz más alta que otra, supo demostrar que la corrupción no es inevitable y que nada resulta más cumplido para un espíritu recto, que seguir rectamente, sin desviarse, la senda de una vocación.

Unos y otros

Zafarrancho en los partidos hegemónicos andaluces. A doña Susana le ha salido ya –¿dónde estaría hasta antier ese rebelde?— un competidor que aprovecha la marea que sopla desde Madrid, y en el PP parece que también toman impulso para dinamizar un partido que, no se olvide, ya ganó una vez las elecciones autonómicas precisamente bajo la mano fuerte del que se susurra que sería el nuevo líder: Javier Arenas. Es obvio que, sobre un pasado lastimoso, el futuro se vislumbra imperfecto, y que unos y otros andan reinando ya sobre un cambio capaz de aprovechar la coyuntura crítica que vive la región. Nunca lo tuvo peor el partido en el poder ni mejor su eterna oposición. Ahora va verse si de verdad esos líderes compiten por la autonomía o tan sólo por su ambición personal.

Tercer mundo

No sólo los sufridos padres han debido llevar este verano andaluz sus ventiladores al colegio donde el calor asfixiaba a su prole. También las familias de enfermos estabulados en el Hospital Clínico de Sevilla –nada menos—han debido arrimar su abanico en las saharianas habitaciones. No es que no se cumpliera en tantos años la promesa de Chaves de individualizar las habitaciones hospitalarias o se eternizaran las listas de espera; es que este buen sistema público sanitario tan mal gestionado por la Junta no ha sido capaz siquiera de atender a necesidades tan básicas e imperiosas como la de regular la temperatura de los centros. La sanidad andaluza funciona, sin duda, gracias a sus sanitarios y, sin duda también, a pesar de sus políticos.

Borges en Sevilla

Uno de los logros del mitificado año 92 fue corroborar la vieja ley de Say, que tanto encocoraba a lord Keynes, postuladora de que la oferta, cualquier oferta, incluso la cultural, crea su propia demanda. Ofrezca usted, eso, cultura, y verá cómo brota y prolifera alrededor de su oferta una demanda creciente. Se demostró a mediados de los años 80, cuando Santiago (Curri) Roldán y sus amigos montaron en Sevilla el tinglado de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo –“la Menéndez”, para la mayoría—convirtiendo la ciudad por una temporada en cátedra lucida y espectáculo cultural sin precedentes. Una foto de Borges y Gonzalo Torrente en una terraza con Giralda al fondo ha quedado como emblema de aquella aventura que nos permitió ver de cerca, junto a los mencionados, a autores señeros como Italo Calvino o Rafael Alberti y, ya entre brumas más lejanas, incluso a Monica Vitti o Nuria Espert, además de escuchar a las primeras voces de la Ópera española.
Borges, que era gran e ingenioso provocador, como es bien sabido, “epataba” a los reporteros al reducir el balance de la literatura española –que él conocía tan minuciosamente, sobre todo la barroca–, como ya hubiera hecho en Madrid años antes, a dos parejas singulares: la formada por Cervantes y Lorca y la constituida por Cansinos Assens y Fernando Quiñones, éste último el más divertido por semejante astracanada. Pero los seminarios se sucedieron sin tregua –siempre la batuta de Antonio García Baquero— dando entrada junto a los grandes maestros a otros que no lo eran tanto. En el curso sobre literatura fantástica, el padre Javierre interpeló al argentino sobre su presunto agnosticismo a lo que aquel respondió con una frase que hizo época: “Mirá, el mundo es ya suficientemente misterioso, pero si vos querés misterios suplementarios…”. Fue un tiempo excepcional en el que se movilizó un vasto público, sobre todo joven, todavía un poco en la estela psíquica del mayo del 68, pero evidenciador de que la condición esencial de la Cultura es la inversión.

No recuerdo un fenómeno semejante ni siquiera en la coyuntura del 92, donde tanta pólvora se quemó en salvas. Por qué luego se liquidó la UIMP lo ignoro, pero siempre que oigo hablar del “desierto” cultural vuelvo en mi recuerdo a aquel Barrio de Santa Cruz tan brusca como lindamente reconvertido por un tiempo en un Odéon y hasta en una Academia. Recuerdo haber comentado con Torrente aquella experiencia sevillana. Torrente, por toda respuesta, me miró sin verme tras sus gruesos anteojos y me regaló, como era lo suyo, con un trallazo de su retranca: “Nunca alcancé un “caché” mayor…”. Lo creí a rajatabla porque bien sé que la política es generosa cuando le conviene.

Erre que erre

Un año más, la foto de la “concertación”: patronos y síndicos celebrando la derrama de millones ofrecidos por la Junta para garantizar la “paz social”. No importa lo que ha llovido –incluso en los Juzgados—sobre esos “agentes”, ni que aunque el PIB suba en España baje en Andalucía, y muchos menos que Cáritas anuncie el secreto a voces de que ya rozan la exclusión social incluso no pocos ciudadanos con trabajo. La Junta se atiene al viejo guión y no hace mudanza sino que mantiene esa foto embustera mientras han debido pasar ¡5 años! antes de devolver la luz verde a los cursos de formación de parados que suspendió asustada. Erre que erre. La autonomía del régimen es un don Tancredo ante el toro abanto de la crisis que oculta esa foto vieja.