Politiqueo del agua

¡Vaya jugada que le acaba de hacer Pedro Sánchez a Susana Díaz al anunciar el fin de los trasvases y la vuelta al mangoneo de las ruinosas desaladoras! Ni el reciente y lamentable espectáculo del Norte anegado ha bastado para estimular su grotesca insensibilidad, sino que parece haberle afirmado en la tesis zataperil de los grifos cerrados. ¿Qué le va a contar esta vez su partido a la Andalucía seca que ve estupefacta como el diluvio se pierde en el mar por un mísero interés electoral? De nuevo una opción de gobierno amenaza a media España con impedir una gestión solidaria del agua, confirmando que la política es capaz de envenenar la convivencia española cuando lo reclama el interés de partido. Costa diría que estas cosas ocurren por poner la vida pública en manos de aficionados y logreros. Doña Susana no sé qué dirá.

La guerra del agua

Son desoladoras las imágenes de los desbordamientos del Ebro que nos llegan estos días. Se calcula que las aguas crecidas han inundado 20.000 hectáreas, lastimando el trabajo de varios miles de agricultores. Lo previó Pedro Cuartango contemplando el caudal avasallador del gran río a su paso por su pueblo, Miranda, pero el tema –la expresión del conflicto entre la solidaridad y el egoísmo identitario– arrastra desde antiguo. Tanto que Joaquín Costa veía la redención de España en una vigorosa política hidráulica que podría cambiar su destino. Y el talento de Juan Benet situó en una presa, la de Porma, su territorio literario, “Región”, y se pasó la vida –entre pantanos, saltos y canales– atrapado por la visión de una España húmeda compartiendo con la España seca sus aguas desperdiciadas, un ensueño imposible bajo la sombra de Caín.
Le faltó tiempo a Zapatero, rehén de los catalanistas, para anular el trabajoso acuerdo recogido en el Plan Hidrográfico Nacional de 2005, en el que, tironeado por los intereses partidistas, se prescindía del designio de trasvasar hacia Levante y el Sur las aguas sobrantes del Ebro, sustituyéndolo por un recortado proyecto “Agua”. Total, ni uno ni otro: estos días asistimos una vez más al desconsolador espectáculo de los ríos embravecidos arrasando los campos aragoneses y navarros, las aguas caudales arrastradas sin remedio hacia el mar, a razón (en Tudela, en Castejón…) de miles de metros cúbicos por segundo. Entre jota y jota, lo cantaba hace años la murga “Los Bulloneros”, sin quitarse el cachirulo baturro: “Quien quiera llevarse al agua/ y el trabajo de Aragón/ tendrá que luchar primero/ con toda su población”… Está visto: no hay peor ciego que el que no quiere ver.
Nadie ha pretendido nunca –ay, viejo Costa– arrebatarle a nadie su agua. Sólo se viene proponiendo, hace casi un siglo, tratar de que esos excedentes accidentales no se pierdan sino que se ofrezcan a la España sedienta. Pero las espadas siguen en alto, y no sólo en mano de los fundamentalistas, sino blandidas frente a frente por el PP y el PSOE, cuyos intereses regionales, como se sabe, no concuerdan. Lo que parece bueno para Aragón no lo es para Valencia o Andalucía, y no se entrevé siquiera un armisticio entre esas taifas, aunque estos días contemplemos, una vez más, el drama de la inundación y las aguas forajidas perdiéndose inútilmente camino de la mar. Caín y Abel siempre en pie de guerra. Y el Paraíso arrasado por la tromba.

Agravio y acuerdo

Tras su encuentro con Rajoy, la presidenta Díaz ha comprobado que el acuerdo, tras el diálogo, resulta siempre más rentable que el agravio. Cesadas las hostilidades, Andalucía tendrá pronto –y con ella toda España—un nuevo pacto de financiación autonómica, algo evidentemente más provechoso que la rácana renta producida por la estrategia sistemática de enfrentamiento con el Gobierno. Ya veremos cuánto tardan en surgir nuevas excusas hostiles, pero es posible que Díaz, que poco puede esperar de su propio bando, haya entendido esa lección y busque en el respeto institucional un refuerzo para sus propios equilibrios. Sería un milagro, desde luego, pero habría de resultar provechoso, sin duda posible, cerrar la gallera tras cuatro decenios inútiles. Acierta Díaz esta vez aunque seguro que, en su deriva al pairo, Sánchez se lamenta.

Curiosas lealtades

Mientras desde Madrid una ex–consejera de Chaves lo sublima asépticamente como “ciudadano Chaves”, en plena Feria de Sevilla el jefe Sánchez sugiere que, de ser absolutoria la sentencia de los ERE, tanto aquél como su sucesor podrían “ser readmitidos en el PSOE como militantes”, a lo que añade la virreina andaluza que, en tal caso –restituida la “honestidad” de los Presidentes acusados—, “las cosas quedarían en su sitio”. ¡Lo que es la vida! Los mismos que anteayer besaban obsequiosos las huellas de esos próceres y se disputaban su cercanía a dentelladas, hoy se calzan los guantes para saludarlos y se enjuagan la boca con medroso escrúpulo tras pronunciar sus nombres. Da asco esta política convertida en pingüe profesión, pero es la que hay. La lealtad ni está ni se la espera en el diccionario de esta tropa oportunista.

Norte perdido

Hace años que los viejos sindicatos andan viniéndose abajo. Costaría explicar hoy en qué consiste su papel en una sociedad por completo distinta a aquella en la que surgieron y pelearon sus hermanos mayores. ¿Cuál es hoy su papel, a quién representan, quién los mantiene? Dos imágenes hablan por sí solas de esta decadencia imparable: la de su presencia en el festival independentista de Barcelona y la de los sillazos bronquistas registrados en su propia caseta de feria, que dejan chicos a las mariscadas, los maletines y las “tarjetas B”. ¡No se puede vivir eternamente a la sombra del pasado! Pero esas fotos recientes van más allá, hasta cuestionar a fondo tanto su legitimidad como su razón de ser. Renovarse o morir. Por mucha subvención que reciban, ese apotegma vale también para ellos.

Sanidad de pobres

Los farmacéuticos de Andalucía han recurrido y van a informar al Parlamento Europeo sobre lo que está ocurriendo con las subastas de medicamentos que hace la Junta. Y van a decir que los famosos “genéricos” adquiridos en aquellas, puede que ahorren el dinero que se despilfarra por tantos agujeros pero que, desde luego, no son ni idóneos ni, en ocasiones, resultan inocuos. Su presidenta y portavoz sostiene en público, además, para quien lo quiera escuchar, que esos remedios de pobre “producen desigualdad”, una denuncia que rechina en boca de una boticaria íntegra y más todavía sobre la coraza de los colectivistas. ¿Dará la Junta marcha atrás como ya la ha dado en otras ocasiones? Puesto que corregirse es de sabios, no estaría mal, pero de comprobarse esta denuncia sería preciso que se revisaran también las responsabilidades políticas.