La fiebre del oro
2 de Julio de 2009Desde que estalló la crisis económica prolifera por doquier la compraventa de oro. Abundan los anuncios callejeros que ofrecen buenos precios, hay reclamos en Internet incitando a protegerse con esa inversión segura y en la tele se han hecho habituales los reportajes que muestran al personal vendiendo su joyero como remedio de urgencia o empeñándolo previsoramente en espera de tiempos mejores. El oro, y otros metales preciosos, por supuesto, se presenta en esas propagandas como un “refugio seguro” en tiempos de turbulencias financieras, algo así como un “refugio natural” ante los riesgos generados por la amenaza de deflación y recesión global, lo cual no es ni más ni menos que la vieja idea ‘mercantilista’ que, hace siglos, cifraba la riqueza en la posesión de esos metales (Hume, Colbert, Adam Smith) frente a la actitud “fisiócrata”, que veía en la tierra el factor básico y decisivo de toda economía (Quesnay o Turgot). Parece probado que desde los tiempos más remotos el oro constituyó el ideal de riqueza, pero la nueva fiebre que comento responde más bien al sentimiento de inseguridad radical desatado por una crisis que ha forzado a cuestionar todo un sistema económico puesto patas arriba por sus efectos. Lo último en esta materia es, por el momento, la instalación en el aeropuerto de Frankfurt del prototipo de la máquina dispensadora de lingotes y monedas de oro que pronto podrá utilizarse también en centros comerciales, y que ofrecerá al inseguro la ocasión de hacerse con ese bien presuntamente inalterable, a un precio inferior al de la cotización oficial y que se revisa varias veces al día. Tratándose de un pueblo como el alemán que ya ha perdido un par de veces hasta la camisa por fiarse del Estado y las finanzas, la cosa tiene, desde luego, su explicación.
¿Pero por qué vendería Solbes a Rusia, entonces, las reservas de oro del Banco de España no hace más que un par de años, si todo hacía prever ya que el debilitamiento del dólar y la amenaza de inflación llevarían a muchos ahorradores a refugiarse en aquel metal cuyo precio en el mercado internacional viene subiendo en términos tan convincentes? Solbes dijo que para convertir un activo no rentable (¿) como el oro en bonos de renta fija, pero lo cierto y verdad es que desde que lo dijo la demanda mundial de oro se ha multiplicado por cinco y va de máximo histórico en máximo histórico, incluso antes de que entren en funcionamiento esas maquinitas para coleccionistas y aficionados. Hay expertos que sostienen que el ideal es invertir en oro el 15 por ciento del patrimonio personal o familiar pero también hay ya por ahí cocineros que emplean el oro en sus más exclusivos mejunjes. Después de Virgilio, los romanos hablaban de esa “Auri sacra fames”. Siglos más tarde, por lo visto, seguimos en las mismas.